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Los chicos de la Ebau

QUERIDOS jóvenes de la Ebau: he dicho mil veces que os compadezco por el momento que os ha tocado vivir. Es cierto que cada edad tiene lo suyo, y que hay franjas más fastidiadas que la vuestra, pero ser chicos de la Ebau en plena pandemia es una faena. Y no solo por las dificultades para estudiar y examinaros en un curso crucial, sino porque el Covid ha arruinado algunos de vuestros planes. Pasaréis vuestro tránsito a la edad adulta en el peor momento posible. No habéis tenido fiesta de graduación, no podréis viajar por el extranjero en esa ruta iniciática que soñabais, os han cerrado las discotecas y las relaciones incipientes se han quebrado por culpa de la cuarentena. Pero eso no os da patente de corso para la imprudencia. Lo digo mientras veo las fotos del jueves en la calle Clérigos, donde celebrasteis vuestra particular normalidad con muy poco sentido común. Quizá os creáis inmortales, pero os voy a contar un secreto: no lo sois. Nadie está a salvo de una enfermedad de la que no se sabe gran cosa: que hasta ahora no haya habido contagios masivos de gente joven no quiere decir que no vaya a haberlos en un futuro. El comportamiento del virus puede cambiar (las enfermedades no firman contratos comprometiéndose a ser siempre iguales) y las horquillas de edad pueden ser otras. Lo del jueves no debe repetirse, y si vosotros no tenéis sentidiño, deberían tenerlo vuestros padres o las autoridades que hicieron la vista gorda ante el desmadre. Esta partida no está ganada. Queda mucho tiempo de juego y hasta el minuto de descuento puede haber sorpresas. No sigáis comprando boletos para este sorteo siniestro en el que muchos se lo han dejado todo. La única cosa que sabemos del coronavirus es que la distancia y las mascarillas evitan los contagios en un elevado número de casos. El otro día, vuestra celebración en Lugo fue una suerte de ruleta rusa en la que no solo participabais vosotros. Ser adulto es también admitir que hay otras personas en el mundo.

Los chicos de la Ebau