viernes. 17.09.2021 |
El tiempo
viernes. 17.09.2021
El tiempo

La bondad de los desconocidos

El otro día, alguien comentó en Twitter cómo un desconocido había sido extraordinariamente bondadoso con él. Una persona contestó con otra anécdota similar, y así se formó un hilo muy emotivo de decenas de usuarios relatando sus experiencias personales en torno a esas personas que, sin conocer a otra, le brindan su ayuda, su compasión o su cariño. Pensé en todas las veces en que alguien cuyo nombre ignoraba fue amable conmigo, y resultaron ser muchas.

Recuerdo a un hombre mayor que me ayudó a subir una maleta muy pesada por la escalera de la estación de autobuses en un día de calor insoportable. A una chica que se desvió de su camino para indicarme el mío en el laberinto de Londres. A un camarero que levantó media docena de mesas para que pasase cómodamente la silla de ruedas de mi madre. A una azafata que me cuidó tras sufrir en un avión una migraña espantosa. A un taxista que, cuando se dio cuenta de que estaba llorando (regresaba del cementerio), me ofreció un caramelo, y me hizo sentir confortada y apreciada. Sienta bien rememorar esas anécdotas. Solemos pensar en el mundo como un lugar hostil, una especie de selva donde impera el sálvese quien pueda, pero si nos esforzamos un poco recordaremos a aquellos que en algún momento de nuestras vidas nos echaron una mano sin tener por qué hacerlo, sin pedir ni esperar nada a cambio. Deberíamos hablar más de esas personas, porque últimamente parece que el planeta está lleno de salvajes que apalizan a chicos por ser homosexuales o discapacitados, de bestias que agreden a sus parejas, de malnacidos que hieren a sus hijos, de tipejos que roban, estafan y engañan.

Pero todos estos ejemplares son la excepción, y no la regla. La mayor parte de la gente es incapaz de hacer cosas malas, y la mayor parte de la gente está naturalmente predispuesta a hacer cosas buenas. Antes de darlo todo por perdido, conviene recordar a aquel taxista que me dio un caramelo porque era lo único que podía hacer para consolarme.

La bondad de los desconocidos
Comentarios