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Un año y un día

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Pasé la infancia y buena parte de la adolescencia preguntándome por qué muchas de las condenas acaban con ‘y un día’. Montones de películas y telediarios escuchando cómo los malos (e incluso algún bueno) eran castigados a tropezientos años ‘y un día’...

Un amigo versado en leyes me lo explicó, pero no me quedó muy claro. Ya saben lo que pasa cuando alguien te aclara algo que para él es como el respirar, que te da vergüenza admitir que no lo entiendes de todo. A nadie le gusta reconocer que es limitado en algo. Mientras se pueda seguir haciendo vida normal no pasa nada porque quede alguna laguna por ahí.

El Breogán se marchó de Madrid con una condena que no se sabe lo que durará, pero que le obliga a hacer en los siete choques que restan lo que no ha hecho en los 27 anteriores: demostrar que es un equipo fiable, que más allá de firmar un tramo de partido brillante ante el Barcelona o el Baskonia, de tumbar al campeón de Europa en una tarde memorable o de ganar con claridad en la pista del Joventut, es capaz de mantener una línea que le permita presumir que es un equipo de la Liga ACB.

Y es que con partidos como el de este domingo cuesta decir que el Breogán merece estar con los mejores. Era un día señalado, como el de San Sebastián, y la historia se repitió. Paliza e imagen lastimosa con cientos de aficionados celestes como apenados testigos. 

Por si fuera poco, la derrota de este domingo llegó con el breoganismo en plena celebración, con las redes sociales inundadas de recuerdos de lo sucedido hace un año, cuando el equipo logró el ascenso a la ACB. Bueno, para ser exactos, el partido de este domingo fue justo un año y un día después. Un año y un día. Como si más que un cumpleaños fuera una condena.

Un año y un día
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