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Manu Barreiro y Fernando Seoane, tras lograr la permanencia. VICTORIA RODRÍGUEZ
Manu Barreiro y Fernando Seoane, tras lograr la permanencia. VICTORIA RODRÍGUEZ

La temporada más larga de la historia en el año más extraño de la historia no podía tener un último capítulo normal. De hecho, ni se le puede poner el ‘Fin’. Porque falta un partido, un Deportivo-Fuenlabrada con aroma a entierro para los herculinos, pero el Lugo se ha ganado el derecho a no tenerlo en cuenta. Catorce puntos de 18 posibles desde la llegada de Juanfran han obrado el milagro, un milagro que la afición del Lugo no ha podido disfrutar junto a sus héroes. Este virus es especialista en robar alegrías. Pero en este caso, no del todo.

La afición del Lugo no es la más numerosa de la categoría, de hecho en esa clasificación es probable que no la salvaría del descenso ni El Hacen, pero eso sí, hay unos cuantos que no se bajan del barco por mucho que sople el viento. Y bien que se han hecho notar en este tramo final de temporada. Primero llamando al optimismo en las redes sociales, manteniendo viva la llama, y después atando su granito de arena a la hora de recibir al equipo en los últimos y decisivos encuentros. ¿Se ha salvado el Lugo por eso? Probablemento no, pero todo suma.

Ha sido un final de temporada extraño. Frío como un estadio vacío y caliente como un gol en el minuto 96. Los aficionados nunca sabremos cómo se cantaron esos tantos milagrosos en directo. ¿Cómo sonará un grito que sale del alma ante una grada desnuda? Para los seguidores esta ha sido una Liga para ver en casa o en el bar. Que el fútbol ayuda a la hostelería ya se sabía, pero en estos duros momentos ha quedado más que confirmado con esas quedadas de aficionados con la cerveza entre sus nervios y la televisión. Es en compañía de los tuyos como mejor se prepara uno para la alegría.. y también para las lágrimas. Que no fue el caso para el Lugo.

Ayer todo fue felicidad, sobre todo tras el pitido final. Los jugadores, que desde aquel partido ante el Cádiz cuando el mundo era mundo, no habían visto de cerca a sus seguidores, recibieron el aplauso a la salida del estadio. Fueron gritos, cánticos, pero sobre todo fue una manera de dar las gracias a una plantilla y a un cuerpo técnico capaces de creer nada menos que en un milagro.

Nadie sabe cómo será la próxi-ma temporada. Todo apunta a que comenzará como finalizó esta, con las gradas vacías, con la afición desplazada de su lugar, pero por lo menos la del Lugo sabe que eso no es impedimento para jugar su partido. Será la novena consecutiva del equipo rojiblanco en la Segunda tras aquel ascenso en el Ramón de Carranza del que quedó una foto, la de Manu celebrando el gol que metimos todos. De esta permanencia cuesta un poco más elegirla. ¿El chándal de Juanfran, el gol de El Hacen en Tenerife, el de ayer de Cristian? Escoja usted. Será una imagen para la historia, aunque al fondo se vea una grada vacía.

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