Opinión

Un lunes por la mañana

Gue-Sung Cho anota el 2-2 en el Corea del Sur-Ghana. ABIR SULTAN (EFE)
photo_camera Gue-Sung Cho anota el 2-2 en el Corea del Sur-Ghana. ABIR SULTAN (EFE)

Los mundiales son lo que son por lo que pasa en las finales; por goles memorables que sirven para vengar una guerra, por otros con la mano que dejan un cuchillo clavado en la espalda del enemigo para siempre, por ver a niños de 17 años levantando la Copa, por una noche inolvidable en Johanesburgo. Pero también por mañanas como la de este lunes.

En todas las ediciones hay partidos con los que uno se encuentra sin querer y que acaban en la barra de un bar, en una cena entre amigos o en un artículo como este. Encuentros que se cuentan como se cuenta con el paso del tiempo una noche de fiesta que en principio iban a ser un par de cervezas de tranqui.

Camerún y Serbia primero, y Corea del Sur y Ghana después, protagonizaron dos duelos de esos que te mantienen pegado a la televisión porque en cualquier momento puede pasar cualquier cosa: dos goles en dos minutos, otro que todo el mundo contaba con que iba a ser anulado —incluido el rematador— y que sube al marcador, una defensa formada por cuatro jugadores que se apellidan Kim, como el portero, un delantero del Athlétic con la camiseta de Ghana, un entrenador fuera de sí porque pitan el final cuando su equipo iba a sacar un córner...  y al final, 3-3 en uno y 3-2 en el otro, con la sensación en ambos de que, si durasen un poco más, el marcador hubiese sido otro. ¡Maldita sea el que invento el minuto 90!

No sé si lo han visto, pero si no ha sido así no se preocupen, cualquier día de estos, en la barra de un bar o en una cena entre amigos les hablarán de lo sucedido  un lunes por la mañana. ¡Encima un lunes por la mañana! Tremendo.

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