Opinión

Luis Enrique y Corinna

Luis Enrique, tras el partido ante Marruecos. TOLGA BOZOGLU (EFE)
photo_camera Luis Enrique, tras el partido ante Marruecos. TOLGA BOZOGLU (EFE)

El mismo día en que un tribunal británico reconoce la inmunidad de Juan Carlos I la pierde Luis Enrique. Es el riesgo que corre uno cuando se pone en primera línea, delante de los jugadores y hasta del escudo. 

Es la historia de un juicio cantado. Porque el seleccionador español estaba abocado a verse delante del juez tarde o temprano. Solo tenía que perder. Y si hay algo seguro es que no se puede ganar siempre.

Al rey Juan Carlos intenta sentarlo en el banquillo Corinna Larsen; a Luis Enrique lo ha puesto Marruecos, sobre todo gracias a su defensa, que es lo que necesita ahora el técnico asturiano: un buen abogado, aunque seguro que opta por renunciar a él y valerse por sí mismo. 

Hasta es posible que ni acuda al juicio, que recoja los bártulos y se marche para casa o para un destino exótico, Abu Dabi mismo. 

España se despide del Mundial después de mostrar su potencial. Es lo que hay, que decía Xavi en el prepalanquismo. No hay mimbres para que el cesto luzca más; ni entre los que viajaron a Catar, ni entre los que se quedaron en casa. ¿Se pudo haber llegado a cuartos? Sí, es posible, pero ese argumento no le sirve a Luis Enrique. Él defiende un estilo por encima de todo, el juego, la pureza, y de eso se ha visto muy poco en Catar. Solo ante Costa Rica, y al final acabó por convertirse en un problema. Ese 7-0 transformó a Pedri y Gavi en Xavi e Iniesta, a Unai Simón en Casillas, a Laporte en Puyol... hasta que sonó el despertador.

España cuenta con una generación de jóvenes que tal vez dentro de unos años pueda optar a algo grande, y probablemente  no exista un entrenador mejor que Luis Enrique para dirigirla, pero haría bien en dar un paso atrás para hacerlo, dejando sitio en la primera línea. Será complicado atendiendo a su forma de ser. Aunque todo es posible ahora que ha perdido la inmunidad.

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