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Ultraje okupa

La ley española respecto a la ocupación de vivienda por parte de personas ajenas es delirante
SURREALISMO DURO y bochornoso, amparado por una legalidad esperpéntica. En Zaragoza –pudo darse en cualquier otro lugar, una okupa regresa a la casa que usurpó ilícitamente, y se cabrea al ver que la puerta de la calle está atrancada con un candado. No se lo piensa dos veces, y reclama presencia policial para que le facilite la entrada, con el pretexto de que dentro está la insulina para su tratamiento diabético. Los agentes se desviven por ayudarla, por complicidad o por mandato legal, tras averiguar que el candado había sido colocado por el incauto dueño de la vivienda, aprovechando la ausencia de la impertinente casera. Como era dificultoso reventar la cerradura, se recurrió a los bomberos, que consiguieron dejar la puerta expedita. La irracionalidad se desmelena al abrirse diligencias al propietario del inmueble por incurrir, presuntamente, en una coacción, lo mismo que si optase por cortar el agua o la luz. Si lo sucedido parece un delirio ofensivo, más lo es que la ley siga asumiendo ultrajes que se repiten a diario, al avalar conductas delictivas, la mayoría de ellas perpetradas por mafias que se lucran del negocio de las intrusiones, en vez de amparar a quienes tienen reconocida documental y legalmente la propiedad. Más que de juzgado de guardia, de manicomio.

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