Opinión

¡Traballa, vago!

Circunstancias diferentes. Otra manera de ver la vida. Hace cincuenta años, el CD Lugo era entrenado por Alfonso Pintos Rey, y como bien rememoró este periódico en su recordatorio de noticias de antaño, había prohibido a los jugadores lucir mostacho y llevar el pelo largo, "obligatorio para poder cobrar a fin de mes". La medida fue única y muy comentada en el mundillo futbolístico. Pintos, buenísima persona, era un coruñés muy tradicional, y por eso se sintió desconcertado cuando el día que llevó a la plantilla a correr y realizar ejercicios físicos a las inmediaciones de los depósitos de la traída, donde había espacios suficientes, le afease una vecina de la zona, ignorante de que se trataba de la plantilla del primer equipo y su preparador  en plena faena, sorprendida por el hecho de que un señor longevo, con la cabellera totalmente canosa, se prestase a gandulear con un grupo de chavales. "Non sei como non lle da vergoña corretear con estos rapaces. ¿Non ten outra cousa que facer? ¡Vai traballar, vago!". Pintos, muy cordial y educado, se percató de la confusión, e intentó explicarle a la confundida mujer lo que estaba haciendo, pero ella no asumió ni la situación ni el motivo, convencida de que era un viejo chalado que se divertía sudando y resoplando con un grupo de críos.

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