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Resbalones

NADIE es culpable de que la ciudad de Lugo se asiente en una colina y que por ello muchas de sus calles sean empinadas. Y si alguien fue responsable del asentamiento, el pecado se amortizó con los años. Eso sí, hay culpables de que las aceras inclinadas estén sucias, engrasadas, pringosas…, propicias a patinazos pintiparadas para que cualquier mortal, ahora que llueve y hiela, se parta la crisma, con todas las consecuencias derivadas del inevitable planchazo. No es suficiente el liviano baldeo que de pascuas en ramos practica Urbaser, sino que es obligado y necesario un fregado a fondo con desengrasantes, que nunca se hace. Por ejemplo, en las aceras del tramo final de la Rúa Conde, entre Río Sil y Salmón, y en el cuasi único andén de Manuel Murguía (vías paralelas), se sustituyeron hace dos o tres años las viejas plaquetas por otras menos escurridizas. Si al principio lo fueron, ya no lo son por suciedad y verdín acumulado, y ambas propician caídas un día sí y otro también. Como si alguien se compra una camisa y se olvida de mudarla y lavarla. Habrá muchas otras aceras defectuosas, y el Concello mira para otro lado. No sabe hacer otra cosa.

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