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Pan de aldea

TODO depende de gustos, pero un buen pan admite pocas discrepancias. Acaba de aprobarse una ley que pretende mejorarlo, pero como todas las leyes, la realidad no siempre entiende de imposiciones. Más bien de hechos. La encuesta online que publica este periódico rezuma escepticismo al respecto. En cualquier caso, en Lugo, y en Galicia en general, somos posiblemente los menos afectados por los cambios que se introducen.

Saboreamos y disfrutamos de una calidad de pan inmejorable, y se nota muy bien cuando nos lo sirven fuera, más allá de Pedrafita. No es fácil mejorar el sabor y la textura del de Ousá, Antas de Ulla, Taboada, Mondoñedo, Cea..., y otros varios. Todo ello nos hace recordar el verdadero pan de aldea, en que se elaboraba y cocía en los hornos familiares de nuestros pueblos, que en algunos casos la tradición todavía se conserva, utilizando harinas procedentes del grano molido en los molinos de agua. Era una verdadera exquisitez, tanto si se consumía al día siguiente como dentro de quince. Es una sensación que perdura en el paladar, sobre todo los que nacimos y nos criamos en el medio rural; sensación no siempre valorada por quienes no tuvieron la ocasión de degustarlo.

Pan de aldea
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