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O Garañón

ES UNA pregunta de perogrullo con respuesta conocida, pero que hay que hacerse. ¿Quién apechuga con el derribo de O Garañón, si es que va a derruirse, y las indemnizaciones a que hubiere lugar? La respuesta la tenemos todos: nosotros con nuestros impuestos al Concello. Tras los silencios surge el peloteo de siempre. El Concello quiere que la Xunta decida qué hacer con el adefesio. Es decir, lo de siempre, pelota va, pelota viene. Todos quieren sacudirse el muerto y eludir marrones, en un conflicto muy enmarañado y en el que todos son infractores.

A todo esto, en medio del galimatías, lo que no se discute es el desembolso que acarrea eliminar o minimizar el esperpento, y al ciudadano es lo que más le afecta, al comprometérsele en un desbarajuste que deberían reparar de su peculio quienes facultaron los permisos para edificar, inconsciente (tendrían la obligación de saberlo) o conscientemente, que sería mucho peor. Si un ciudadano, queriendo o sin querer, destroza una farola y lo pillan, el Ayuntamiento, con todos sus atributos y sin dudarlo, le obligará a reparar el deterioro; de nada le servirá el escaqueo. No es lo mismo, pero el fondo se le parece.

O Garañón
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