Opinión

Doloroso fiasco

Si hablar de fracasos siempre es doloroso, el fiasco del Dépor, pifiando cuando ninguno de sus seguidores lo esperaba, resulta doblemente cruel. Un batacazo con todo a favor, tal era el ambiente y otras deferencias. Se lo sirvieron en bandeja y lo desaprovechó, pero las decepciones ya se sucedieron a lo largo del campeonato, quizá por fiarse más del pasado que en saber amoldarse al presente. Le blindaron en Riazor para hacerlo asequible, no sin suspicacias, y llegó el Albacete como víctima, ventaja que supo aprovechar, aun teniendo en contra a más de veinte mil enardecidos seguidores vitoreando el ascenso antes de pelearlo, que es como poner el carro antes que los bueyes. Pero los goles se marcan en el campo, como así fue. Sobró euforia y faltó moderación y humildad, la que se necesita para no alejarse de la realidad. Cierto es también que en un partido pueden pasar muchas cosas, más si se trata de una final, en donde suele influir la suerte, la que posiblemente le faltó al Deportivo. En cualquier caso, ascender, mírese como se mire, es muy costoso, y por eso tiene mucho mérito la resistencia del CD Lugo, once años en Segunda División, consciente de que recuperar la categoría es como someterse a la angustiosa espera de que suene la flauta. Y no siempre suena.

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