Opinión

Crear ignorantes

OJALÁ que la energía que malgastan los gobernantes en llevar la contraria a lo que parece más sensato, cuando se intentan modificar determinadas transgresiones o desafueros, se aprovechase en consensuarlos. Si hubiese el entendimiento deseado, el Gobierno no habría tenido que recular con la selectividad, retrasando un año su aplicación en busca de beneplácitos que despreció. Pero claro, tiene en contra a las autonomías, con las que no contó pese a tener las competencias educativas; la Real Academia de la Lengua, especialistas en lengua castellana y literatura, Asociación de Escritores con la Historia, academia del catalán, Red Española de Filosofía y puede que alguno más. Es decir, un desatino revestido de chapuza que no afecta al mía tuya con otros partidos o sensibilidades, sino directamente a toda la comunidad educativa, que se merece todos los respetos y consideraciones como parte dañada. Según los historiadores, se trata de crear «españoles ignorantes», con una formación deficiente y ‘cómoda’, de la que seguramente se espera alguna contraprestación. Todo ello confirma, aunque fuese innecesario refrendarlo, que las reformas educativas, las que emprenden los gobiernos, han de hacerse siempre por consenso y no para contrariar al prójimo.

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