Opinión

Ataúdes vivientes

EL NUEVO párroco de As Neves tendrá sus poderosas razones, una al menos asumible desde el sentido común, pero se metió en un charco de mil pares de narices, pese a tener el respaldo de su obispo. A ver como sale, si no es escaldado. Suspender la procesión de ataúdes en la romería de Santa Marta de Ribarteme, excitó un disgusto mal digerido en su pueblo y alrededores, porque los incontables adictos al macabro espectáculo (féretros con seres vivos y coleando, claro) se basan en la tradición, que se remonta, argumentan, al siglo XII o incluso a tiempos precristianos, como sostienen algunos estudiosos del costumbrismo, y por ser además una exhibición con proyección turística, lo que ocurre con todo lo inaudito y extravagante. Cuanto más, mejor. Es decir, ingredientes sobran para que llame la atención, con el morbo con que quiera aderezarse , pero el cura, aun considerando que le habría sido mucho más cómodo mirar al cielo, sin más, tiene sus motivos defendibles por haber cortado por lo sano, desterrando el perfil pagano de la romería. También pudo haber objetado en defensa del buen gusto, pues dentro del rico e impreciso espectáculo mundano sobran modos y maneras mucho menos tenebrosas de excitar el entusiasmo y el frenesí de los entusiastas de la excentricidad. No todo vale.

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