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Querido Xelos

XELOS RÚAS, Anxeliño, Liño, Anxo, Xelos, Angelufo... Como los superhéroes, Ángel Calles era capaz de reunir en una sola persona varias personalidades. Era poliédrico el bueno de Xelos, cuya muerte es difícil de asumir para quienes hemos compartido tantos momentos con él en esta santa casa.

Entre sus muchas virtudes, como una capacidad de trabajo fuera de lo común y un olfato casi infalible para la noticia, Xelos destacaba por su finísimo sentido del humor —las coñas, como él decía— y una especial facilidad para emitir sentencias —"¿estamos de coña o qué?", "no hay formalidad ninguna"...— . Rotundas todas, las sentencias de Calles eran un punto y aparte en las discusiones que manteníamos los de Deportes.

La vida de Xelos da para escribir un libro repleto de anécdotas. Todos en el periódico sabemos de memoria sus frases más célebres (aquel señor do cine, aquel soldado Ryan, aquel lo caliente...) y sonreiremos cada vez que le recordemos por más que ahora mismo cueste contener las lágrimas. Porque cuesta, Xelos.

Pero, por encima de todo, si algo definía a Calles era su barcelonismo, ferviente y "a todo poder", como diría Andrés Iniesta, uno de sus ídolos junto a Messi —"é malo o Messi ese, ¿eh?"—.

Fueron innumerables las cuitas que mantuvimos Calles y quien esto escribe a cuenta del fútbol, el Barça, el Madrid o Mourinho. Uno de los mayores traumas de Calles como barcelonista fue la marcha de Johan Cruyff y su sustitución por Bobby Robson (o Ronson como él decía). Calles, dolido por perder a Cruyff, analizó la situación y emitió una de sus míticas sentencias: "O Robson é tonto, e o Mourinho é tontiño".

No lo sabíamos, pero con o Ronson venía un caballero que iba a marcar futuras polémicas, o Mourinho. Con Mourinho encontró el anticristo de su barcelonismo. A Mourinho, Calles no le pasaba ni una y durante su etapa en el Real Madrid rara era la vez en que cuando uno le defendía, Xelos no contestaba con otra de sus sentencias: "Luisillo, creo que non tés razón". "Te lo dije el primer día, o Mourinho é tontiño", añadía. Puro Calles.

Ya digo que son innumerables sus anécdotas, sus viernes gloriosos, tan llenos de humor, las enormes tijeras que guardaba en su mesa, que tanto asustaban a Miguelín y tanto hacían reír a Marquiños... Irrefrenable era también su pasión por el deporte lucense, especialmente por el CD Lugo y el Breogán. Respecto a este, en el último ascenso a la ACB, ante el Melilla, protagonizó otro de sus momentos. Comenzaba el último cuarto del partido en el Pazo y Xelos salió corriendo escaleras arriba. No lo vio. "Luigi, no podía resistirlo", me dijo. Así era Calles. Todo corazón.

Te has ido demasiado pronto, amigo. Descansa en paz.

Querido Xelos
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