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Museos cerrados, pero no tanto

Aunque los museos están cerrados, algunos centros nacionales han reaccionado de inmediato y plantean interesantes programas a sus públicos visitantes no presenciales. Los más grandes y con más posibilidades (Prado, Reina, Thyssen…) refuerzan contenidos y actividades virtuales para no perder el contacto, para entretener y, sobre todo, para seguir cumpliendo con su función esencial de estar al servicio a la sociedad.

Nuestra Red Museística Provincial también nos ofrece en su web muchas y diversas posibilidades para acercarnos a los contenidos de sus museos y colecciones (Tor, Narla, Do Mar y Provincial) y seguir disfrutando del arte, la arqueología, la historia, la etnografía…

No es lo mismo ver un cuadro que ver la foto de un cuadro, es obvio. Peor aún si se trata de una escultura. Conocemos muchas obras de arte porque están reproducidas en los libros. Algunas estamos cansados de verlas en los manuales de texto. Pero solo cuando tenemos ocasión de acercarnos a las piezas originales en los lugares en los que se conservan (museos, galerías, edificios históricos…), solo entonces nos impresionan o emocionan. 

Cada vez hay más recursos y aplicaciones informáticas que intentan conseguir que casi sintamos la pintura. La aplicación Second Canvas Museo del Prado -Obras Maestras que maneja imágenes en ultra definición a las que podemos aproximarnos con un super zoom, casi tocarlas, es un buen ejemplo. Otros centros disponen de recursos similares. 

Aunque internet es, por supuesto, la gran opción para estos días, permanecer en casa es también una buena ocasión para disfrutar de los libros, ver catálogos, recuperar lecturas e imágenes, incluso para revolver en los cajones y buscar viejas fotografías. Y recordar que nuestros museos están presentes en los libros y en las páginas web. 

En el caso de las obras pictóricas, además de apreciar los valores artísticos, de disfrutar de su técnica, del color, la textura o la pincelada, podemos acercarnos a ellas con otra intención y seguro que encontraremos aspectos enriquecedores. Podemos, por ejemplo, indagar en la personalidad del pintor o la pintora o interesarnos por un personaje retratado, si es el caso. Podemos intentar descubrir e identificar la vegetación de un paisaje o localizar fotos del lugar pintado para compararlo con ellas. La foto de un cuadro permite muchas lecturas.

De esta idea parte mi propuesta para estos días: acercarse a una obra reproducida fotográficamente para detenernos en lo que nos ofrece además de lo técnico y lo artístico. 

Generated by  IJG JPEG LibraryCualquier obra nos puede servir. Elijo el cuadro ‘Muller galega’, un cuadro pintado en 1905 por Xesús R. Corredoira que está expuesto en el Museo Provincial (en la imagen), pero que también está reproducido en su web. Por una vez, pasaremos por alto los aspectos pictóricos de la obra y nos centraremos en lo representado. La idea es intentar una lectura objetiva de lo que vemos. Una lectura sencilla de hacer si observamos una foto del cuadro. 

Primero lo evidente. Se trata de un retrato de frente y de cuerpo entero de una mujer joven, sentada en un banco y ataviada con indumentaria tradicional gallega.

La mujer va vestida con el traje de guarda o gala, llamado también ‘traje dominguero o ‘traxe de ver a Deus’, porque se utilizaba para ir a la iglesia. Se usó fundamentalmente en el siglo XIX, pero algunas piezas que lo constituyen están documentadas desde el siglo XVII. 
El traje de gala, frente al traje de diario o de faena, se destinaba a ocasiones especiales, fiestas, celebraciones varias y para ir a la iglesia. La posibilidad de usarlo, así como sus características (partes del atuendo, calidad de los tejidos, riqueza de adornos y bordados) se limitaba a unas pocas mujeres. Era un elemento diferenciador de las clases sociales de la época. Además sus particularidades establecían ciertos códigos para reflejar los diferentes estados sociales de la mujer: luto, alivio, soltería, pedida, casamiento, viudedad … 

La moda se transmitía de generación en generación y solían ser los ancianos del lugar quienes establecían las normas indumentarias. Las distintas piezas que componían estos trajes pasaban de madres a hijas. Su cuidado era esmerado y aparecen en las dotes que llegaban a la boda o a las herencias.

El cuerpo de la mujer está totalmente cubierto por las diferentes capas de prendas. El recato es absoluto. Lleva cubierta la cabeza con un pañuelo color bermellón y sobre él la capa o manteleta, muy antigua y considerada un complemento de lujo. Otras piezas que pueden identificarse bien en la pintura son la saya, el mantelo, el delantal y el dengue cruzado sobre el pecho de la mujer. Predomina el color negro sobre el que destaca el bermellón del pañuelo anudado sobre la cabeza y la parte central del dengue. 

Colgado del cuello, la mujer luce un singular complemento, un colgante dorado denominado sapo que, como el traje, se recibía habitualmente por herencia y se lucía con la ropa de gala.
El sapo es un aderezo propio de la orfebrería tradicional de Galicia, de algunas otras zonas del noroeste peninsular( Zamora, Salamanca, norte de Portugal...) en donde tiene otras denominaciones. Elaborado en oro, plata o plata sobredorada, está compuesto de dos o tres cuerpos articulados con diversidad de motivos decorativos en los que predomina la línea curva, la filigrana, el laminado, las bolas, los gránulos, las espirales…

Podía usarse como colgante o como broche. Era un elemento más de distinción, reflejo de la posición social y económica de quien lo lucía y con una importante carga simbólica.

La moda se transmitía de generación en generación y solían ser los ancianos del lugar quienes establecían las normas indumentarias

Mis comentarios sobre la imagen del cuadro de Corredoira pretenden únicamente dar pistas y estimular la observación y la curiosidad por temas diversos. He podido hacerlos gracias a los trabajos sobre las colecciones de orfebrería tradicional del Museo Provincial realizados por Rosario Fernández González, que me han servido para documentarme. Me he apoyado además en lecturas varias que recomiendo, como ‘El traje gallego’, de Antonio Fraguas o ‘A indumentaria tradicional galega. O traxe de Muros’, de Clodio González Pérez y fotografías de Suso Xogaina.

Espero haber sido capaz de animar a las visitas virtuales a los museos, a observar detenidamente las obras y profundizar en aquellos aspectos que nos gusten, que nos interesen, sea cual sea la razón. Busquemos en libros y fotografías ahora que disponemos de tiempo y, eso sí, cuando la actual situación se haya superado y recuperemos la normalidad, volvamos a los museos a disfrutar plenamente del arte. 

Museos cerrados, pero no tanto
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