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El retorno de la pintura

¿Se apuesta de nuevo por la pintura? ¿Vuelve la crítica a considerar y respetar las obras pictóricas en el arte actual? ¿Los compradores, inversores, coleccionistas o aficionados se deciden preferentemente por obras de pintura?
 

Parece que así es. De un tiempo para acá lo estamos viendo en espacios de referencia como Arco, la más importante feria de arte contemporáneo que se celebra en España. En 2016, en su 35ª edición, a pesar de interesantes e insólitas propuestas, una obra pictórica, figurativa y realista acaparó todas las miradas: el cuadro ‘Mujer en la bañera’, un óleo sobre tabla pintado por Antonio López en 1968: figuración, realismo, pintura pura y dura. Las ediciones posteriores de la feria mantuvieron la tendencia. Y eso ocurrió en Arco 2020. La pintura va recuperando su lugar protagonista y, por fortuna, no solo en el ámbito de lo figurativo.

Habitualmente en Arco se mueven al menos dos mundos paralelos. Por un lado el innovador, que atiende y se preocupa por destacar, dispuesto incluso a dar espectáculo para llamar la atención de visitantes y medios de comunicación. Donde siempre hay alguna obra que acapara la atención mediática pero cuya calidad artística, plástica y conceptual suele ser más que cuestionable, aunque ocupe todas las portadas. En este mundo se desliza a menudo eso que tan bien define el neologismo postureo.

Por otro lado el mundo más discreto, si acaso, en el que se sitúan las galerías que mantienen trayectorias menos arriesgadas y se mueven habitualmente en el campo de la figuración y los realismos. Donde además están las galerías que continúan apostando por firmas consolidadas (Miró, Picasso, Kounellis…) que son casi clásicas de la feria. 

Lo evidente es que en ambos mundos la pintura ha recuperado protagonismo, un protagonismo que quizás tiene que ver con esa «mirada a lo de antes» que se está produciendo en tantos ámbitos (moda, decoración, cine, literatura…). Pero que sobre todo tiene que ver con la necesidad del artista de expresarse y las posibilidades que para ello, frente a otros medios, le ofrece la pintura: materia, color, gesto, procedimientos.

Con el dibujo está pasando algo similar. ¡El dibujo! ¡El esqueleto de la obra! Lo que para muchos, para mí sin duda, es la esencia imprescindible de cualquier proyecto artístico. El dibujo que organiza el espacio, que nos da las proporciones y describe figuras. El dibujo que subyace en la obra pictórica, el dibujo firme y el que se arrepiente. El dibujo que cuenta historias y es seña de identidad de los ilustradores de libros, de los humoristas gráficos... El dibujo que construye esculturas y edificios. El dibujo que, como las matemáticas, forma parte de nuestras vidas mucho más de lo que imaginamos.
Grandes exposiciones organizadas por diversas instituciones públicas y privadas han contribuido a reponer la pintura y el dibujo en el lugar que les corresponde. Y de paso, claro está, han ayudado a popularizar y poner en valor la obra de autoras y autores poco o nada conocidos. 

En la historia del arte tenemos los precedentes que nos confirman la capacidad de la pintura para adaptarse a los nuevos lenguajes

A pesar de quienes aseguraban últimamente que la pintura estaba muerta, vemos que está ocurriendo todo lo contrario. Hay un retorno a los pinceles. Artistas que habían abandonado la pintura a favor de la fotografía, el vídeo o las instalaciones comienzan a retomar sus trabajos pictóricos. Probablemente nunca se habían desentendido de ellos. La materia y el color son medios de expresión difíciles de igualar y los artistas son capaces de buscar y encontrarles nuevos usos, cuestionar y exprimir sus posibilidades.

En la historia del arte tenemos los precedentes que nos confirman la capacidad de la pintura para adaptarse a los nuevos lenguajes. ¿Cuántos artistas fueron incomprendidos en su momento precisamente por apartarse de las maneras establecidas de representar y utilizar de forma novedosa la pintura? ¿Cuánto tiempo fue necesario para entender y valorar las obras de aquellos que en su momento hicieron propuestas pictóricas que no se comprendieron?
El mercado del arte es diverso, porque su público lo es. Quien compra arte como inversión sabe que asume riesgos, compra un producto con el que más pronto o más tarde quiere obtener rendimientos. Quien quiere poseer una pieza artística porque le gusta, para su disfrute y contemplación, sea coleccionista o aficionado, la adquiere si se lo permite su economía. En cualquier caso, la pintura sigue ejerciendo poder de atracción.

La reciente edición de Arco, la 39ª, reafirma la presencia ineludible de la pintura. De nuevo se mostraron múltiples propuestas: esculturas, pinturas, dibujos, fotografías, instalaciones, proyecciones, vídeos… pero se evidenció el predominio de la pintura y el interés por lo pictórico.

Los enfoques fueron varios. En la feria convivió lo clásico, lo ya asentado, con lo emergente. Tuvo su espacio el necesario arte que protesta, que reivindica y denuncia, y que por cierto echó mano de la pintura para elaborar proyectos. Se exhibieron, otro año más, algunos cuadros de autores consagrados, como el ‘Retrato de Jacqueline’, de Picasso. Se reclamaron autores, como Tàpies, de quien se expuso un gran mural sobre madera, como un muro donde trazar signos, depositar materia pictórica y generar texturas.

la pintura, figurativa o abstracta y en todas sus insólitas posibilidades, reivindica su presencia en el siglo XXI

De pintura nos habla el trabajo de la gallega Ángela de la Cruz (A Coruña 1965) cuya obra es el resultado, en esencia, de manipular el lenguaje de la pintura y plantear la autodestrucción de la misma; y también el de Antonio Murado (Lugo 1964) que en su obra reciente, y tras diversas experiencias creativas, nos ha sorprendido con la nueva deriva de sus trabajos hacia posturas primitivas, con obras en las que prevalecen la esencia de los materiales y las técnicas de la pintura, despojándose de artificios. 

Incluso tenemos una prueba significativa del protagonismo de la pintura en el hecho de que una importante y considerada galerista y coleccionista de arte contemporáneo como Helga de Alvear, a sus más de 80 años de edad, continúe apostando por la pintura y adquiera en Arco 2020 varias obras pictóricas.

Lo cierto es que la pintura, figurativa o abstracta y en todas sus insólitas posibilidades, reivindica su presencia en el siglo XXI. En arte, como en economía, aunque haya claros indicios, es difícil acertar plenamente con lo que realmente va a ocurrir. Quienes anunciaron la muerte de la pintura, asisten sorprendidos a su revivir. Los pronósticos… ya se sabe. Claro que cuando se cumplen, eso sí, todos se apuntan el haberlo presentido, el «ya lo decía yo». 

El retorno de la pintura
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