Opinión

Vomitar burocracia

PODRÍA PERTENECER a la España galdosiana del cesante o del funcionario en ascenso. Podría ser argumento útil para el Larra del vuelva usted mañana. Incluso podría incrustarse en la burocracia y la insatisfacción de un castillo kafkiano. Hablo de dos reclamaciones de traca desde las administraciones públicas. Ni la tecnología ni los avances en los derechos ciudadanos superan obstáculos clásicos para el administrado. Hablo de una reclamación a la víctima por la limpieza del asfalto tras un accidente mortal. Y hablo de la reclamación de devolución de un complemento a unas viudas con pensión mínima. Son dos caras de una administración pública sin alma. O quizás que confunde la eficiencia con el disparate. Puede ser atribuible al programa informático que escupe de oficio papeles para llamar al orden a los muertos y a las viudas con pensiones mínimas. O será el fundamentalismo del burócrata de turno. Aún queda materia para Fígaro. Chocar con un o una burócrata de profesión y vocación en la administración pública implica un alto riesgo de encontrarse con el disparate. Si en tiempos había que ir y venir varias veces a la ventanilla por la ausencia de la póliza para la agrupación de maleantes, ahora el programa informático que maneja el burócrata de vocación y convicción le sirve para impedir que entre una solicitud o que se obtenga una respuesta adecuada. O ese mismo programa le acaba con la paciencia, como la web de Renfe, al administrado que ha de hacer sus gestiones por internet. No hay ventanilla ni a quien reclamar.

Un departamento de cobros de la Diputación de A Coruña primero se columpió y luego ya se retrató de cuerpo entero. En una primera carta personal le reclama a la víctima mortal de un accidente de tráfico el pago de las tres horas y veinte minutos —total, 485,50 euros— que dedicaron a la limpieza del asfalto donde el destinatario de la misiva perdió la vida. La madre contesta que a quien iba dirigida la reclamación falleció y que hay sentencia judicial, de la que remite copia, sobre el accidente. Homicidio imprudente del conductor del coche que se llevó por delante en una curva al joven motorista. La respuesta, segunda carta de la Diputación, si pasó por atención al administrado es para salir corriendo. Pura frialdad de formulario: ni un lo siento ni un perdón por el error y el dolor despertado en los padres de la víctima con semejante reclamación. "Quedamos a su disposición para cualquier otra aclaración que estime necesaria", termina la carta. Casi será preferible que no aclaren nada. No se expliquen: lamentable.

Lo de las viudas de Orcasitas con la Seguridad Social muestra también un grado de empatía inigualable con el administrado y el menos favorecido. Los colores de la supuesta diferenciación ideológica se difuminan en los gobiernos cuando de llevar dinero a la caja se trata. Esperaba una declaración en toda regla de la ministra Belarra, una mujer que defiende por oficio los derechos sociales y crea problemas diplomáticos al Gobierno en funciones. Esperaba un titular en la prensa de derechas que dijese: ‘Otro desencuentro en el Gobierno: Ione Belarra pone como un trapo a José Luis Escrivá Belmonte, compañero de pupitre en la coalición’. Las viudas de pensión mínima recibieron una subvención para mejoras en las viviendas que ocupan. ¡Incremento de patrimonio!

Comentarios