Opinión

Vista a la derecha

CUANDO MATARON a Carrero Blanco, el próximo miércoles habrá transcurrido justamente medio siglo, andaba yo pluriempleado. Pasaba las mañanas en Canto Blanco –U.P. Comillas, de feliz recuerdo–, y por las tardes en territorio de la Complutense. Algunos días, la primera hora de la tarde era en el León XIII para escuchar a don Joaquín Ruiz-Giménez. Ejemplo de un hombre que no vendría nada mal hoy al panorama de la política radicalizada. Visto así el calendario, a cincuenta años para atrás, se explica que el doctor Máiz me diagnosticase una catarata y me la operase esta semana. Curiosamente, el mal, el deterioro, solo apareció en el ojo derecho.

No es que ahora viese neblinas por ese ojo. Más bien no vislumbraba horizonte. Dónde tiene el punto de llegada. Con la vista en recuperación, tras pasar por el quirófano y el buen zurcido del doctor Máiz, se reafirma la impresión de la niebla en la mirada al horizonte de la derecha.

La tarea no es de oftalmólogo. La cirugía ha de practicarla Feijóo. Faltan, al menos, dos puñetazos en la mesa. La moderación y la sensatez que exige este país pide firmeza en el rumbo. Se necesita un toque que resuene hacia la derecha, hacia las conspiraciones y amenazas de los suyos: aznariles, ayusianas y los caseros vitalicios de la derecha y de las esencias patrias, con derecho permanente a renta por tocar el bombo a destiempo. Con estos no debería ir Feijóo ni de cañas. Unas porras mañaneras, como máximo, y mandarlos a hacer guardia a los luceros. No es que le vea en la tarea de buscar el centro, que ya sabemos que es un punto incierto. No lo descubrió ni Adolfo Suárez. Pero da buena cosecha para el país.

Y el puñetazo hacia la izquierda, que no diré un corte de manga ni un gesto grosero como el de la señora Kirchner el otro día en la asunción de Milei, lo pide la teima del sanchismo-Bolaños por darle catequesis al centro derecha. Pretenden tutelarla. Indicarle el camino, el contenido y la ocasión del discurso. No será precisamente para beneficio de Feijóo. Cuando desde el sanchismo y sus portavocías le exigen que condene a Abascal y a Vox bajo apercibimiento de quedar atrapados en las fauces de la derecha extrema, el propio líder del PP o su adelantado Tellado, en lugar de competir este con los extremistas, debería responder que el discurso del PP lo marcan ellos y no Bolaños ni la fontanería de la Moncloa. Que hablan cuando ellos lo estiman y no cuando lo pide una autoridad reconocida como la de Patxi López. No olvide a Casado y los grandes aplausos que todos le dedicaron cuando mandó por el desagüe la moción de Abascal y Vox. Desde el sanchismo al profesor Iglesias celebraron que había alumbrado el centro. Poco duró la gloria. Le faltó a Casado un puñetazo hacia los suyos.

El avance de la catarata que me arregló el doctor Máiz lo sitúo ahí, en ese momento numénico de la política española y no en haber asistido a sucesos de hace medio siglo.

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