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Una mujer en Berlín

HABRÍA QUE elaborar una tesis doctoral que demostrase que los plagios académicos no son resultado de la globalización. Tendría que ser un estudio que no copiase páginas y páginas, sin citarlas o mal citarlas. Más que a la globalización, la pillería y el fraude pertenecen a la condición humana. 

Don Miguel de Unamuno, si no recuerdo mal, arranca Del sentimiento trágico de la vida con la cita de un proverbio latino. "Soy hombre y nada humano me es ajeno". Escrito en latín, claro. Unamuno estudió hasta danés para leer a Kierkegaard, el del concepto de la angustia. O eso nos decía, ignoro para qué. 

La globalización y la cita de Unamuno aparecieron como interrogantes en la mente, es un decir, cuando leía el currículum de Doña Franziska Giffey, alcaldesa gobernadora de la ciudad estado de Berlín. Con ella, por cierto, son siete las mujeres al frente de 27 capitales europeas, como Stockholm, Dublín o París. Tomó posesión el pasado día 21. Meses antes había dimitido con Merkel como ministra de Familia, Mujer y algún añadido más. El desencadenante: un escándalo por apropiación indebida, es decir plagio, de ideas y textos en la tesis doctoral en Ciencias Políticas que presentó en la Universidad Libre de Berlín. Nada humano me es ajeno: copiar sin citar se cultiva por igual en Madrid o en Brandeburgo. La tesis se ocupaba de cuestiones de la ciudadanía europea. Abandonó el ministerio. Dijo que renunciaba a usar el título de doctora. No valió para nada: la Universidad se lo retiró.

A Merkel, y por las mismas razones, se le había caído ya un ministro de Defensa y hasta la titular de Educación Annette Schavan, gran amiga y colaboradora de la entonces canciller. En la hora de la despedida, el cariño llevó a Merkel a decir que había sido la mejor ministra de Educación de Alemania. No suponía, supongo, mostrarla como ejemplo para universitarios y doctorandos. Eran amigas desde que la señora Merkel se aproximó a la CDU que gobernaba Helmut Kohl.

Digamos que en todas partes cuecen habas con las tesis y el acceso exprés a un título universitario. En Alemania, quién lo imaginaba, sucede que la plagiadora, certificada como tal por la Universidad, dimite como ministra para meses después ser candidata a alcaldesa gobernadora de la ciudad estado de Berlín, nada menos. Y acaba en el cargo, aunque la victoria electoral sea relativa, 21,4% de los votos. Por el camino dejó la aspiración a liderar el SPD. Eso en España, al menos hasta ahora y sin puritanismos que se atribuyen al protestantismo, sería difícil. Por dos razones. Una, si un político dimite que se despida, aunque se demuestre su inocencia. Y dos, aquí nadie dimite por plagio de tesis o título universitario de dudosa solvencia-credibilidad. Está la excepción de la señora Cifuentes que se la cargaron no sé si por el máster, en formato no presencial a todos los efectos, por unas cremas de presunta cosmética en un lineal de supermercado, o sea que ni disimulan las arrugas más de media hora, o, básicamente, porque entre los suyos le tenían ganas.

Una mujer en Berlín
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