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Un mal espectáculo

Uno de los síntomas y de los efectos del virus es la pérdida del olfato. A la clase política dirigente le ha afectado de forma grave. No se recuperan como lo demuestra que ocupen el tiempo y las fuerzas en una moción de censura que solo sirve a tacticismos partidarios mientras el país se desmorona. Tal como recordaba Màrius Carol, cuando las cámaras de televisión entraron por vez primera en la Cámara de los Comunes (1989) el speaker, tory, daba la bienvenida "al mejor espectáculo de la ciudad" a la audiencia televisiva. Hoy la presidenta del Congreso de los diputados español podría darnos la bienvenida al más triste espectáculo, e incluso más pobre en sus contenidos desde la restauración democrática. Lo que se ve y oye, además de una muestra de irresponsabilidad, es un aburrimiento.

Frenar la degradación es el título de un editorial de El País que abría en la primera plana el pasado domingo. Hay que entenderlo como un aviso formulado desde una posición no alineada frente al Gobierno. Solo el título es un diagnóstico de situación. El periódico cumple su papel al hacer sonar la alarma. Quienes pescan en río revuelto — un clima de radicalización en bloques y confrontación— lo criticaron. Sus objetivos se identifican con la tormenta. Jugaron a ridiculizar ese editorial en la programación radiofónica que alimenta bandos. Demostraron así el talante real y la posición desestabilizadora de fondo mientras pretenden presentarse como muro de garantía para las libertades y la estabilidad constitucional. Claro que el editorialista pudo haber cargado tanto o más sobre Sánchez y quienes le apoyan, como lo hizo con el PP de Casado y quienes le sostienen o mantienen silencio. Pero eso no hace menos válidas y creíbles las críticas a la trayectoria de Casado al frente de los populares y su tacticismo de miras cortas, sobre todo desde que la epidemia domina la realidad y la convierte en extraordinaria por su gravedad.

El tiempo, los esfuerzos y las estrategias políticas deberían estar centradas en esa preocupante realidad sanitaria, económica y social. Madrid, no le den vueltas, es una muestra de la irresponsabilidad de unos gobernantes que en la emergencia sanitaria organizan encuentros que se reducen a espectáculo, con banderas incluidas, y se niegan, con la
muerte que avanza, a aparcar los personalismos y los objetivos de poder de partido.

La discusión de la moción de censura, como los desestabilizadores juegos de Iglesias y los suyos contra Felipe VI en estos momentos, son una prueba más de la desconexión con una realidad grave y preocupante, como la que no conocimos en décadas.

La única hoja de ruta que presentan es un sácate tú que me pongo yo, sin que ni uno ni otro ofrezcan solvencia para guiar la travesía. Presentar un cambio de sistema, de monarquía a república, como fórmula mágica para resolver los problemas económicos y sociales de este momento ofende a la inteligencia. La historia, mitificaciones a un lado, demuestra que esas visiones y esas prácticas no solo no resuelven, empeoran los momentos críticos. 

Un mal espectáculo
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