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Tapar la toma contraincendios y prender fuego

"Mis padres no me dirigen la palabra" confiesa Isabel Medina Peralta, la joven uniformada de falangista que largó en Madrid, en el cementerio de la Almudena, una soflama antisemita que lleva la reconocida firma de Adolf Hitler. A los trece años se enamoró de este criminal. Parece no desatinado del todo definir ese entusiasmo en plena adolescencia con un enamorarse: ese estado de imbecilidad temporal que dicen decía Ortega. A mi no me consta. En este caso quizás debería haber curado. Porque, aunque Isabel es muy joven y en ese tiempo se justifican casi todos los excesos, en su condición de universitaria se le supondría cierta disposición a analizar con la cabeza las ideas y los sentimientos. Incluso, si los diferentes ministros de Educación, que con sus leyes y reformas han sido, entendiesen lo que pretendo decir, cabría suponer que la educación recibida en los diferentes ciclos antes de salir al mundo laboral o acceder a los estudios superiores, capacitaría a esta joven para discernir y haber asumido unos mínimos valores éticos y cívicos universales, como el respeto y la tolerancia. Algo falla si un joven educado en una sociedad democrática propone clavarle en la cabeza una piqueta a alguien o pegarle un tiro en la nuca a algunos jueces y políticos. Algo falla, creo yo, si a esas expresiones le llaman cultura hasta en los telediarios. La libertad de circulación no implica que cada cual decida si lleva el coche por la derecha o la izquierda o si aparca en la toma de agua de los bomberos.

Y algo falla si se levantan barricadas y se prenden hogueras, incluso con vehículos policiales como combustible, en las calles y plazas de capitales catalanas cuando un rapero lenguaraz es detenido después de una sentencia judicial. La facilidad para desbordar la normalidad cívica en Cataluña parece ya norma.

Las peticiones de cambio de unas leyes que se consideren desproporcionadas no se justifican en democracia, aunque esta sea imperfecta, con violencia. La democracia perfecta no existe: es un objetivo inalcanzable, al que siempre habrá que tender.

Comprendo plenamente a los padres de la joven uniformada de falangista. Un servidor quedó estupefacto al oírla en el video de ese acto neonazi. No quiero ni imaginarme cómo me sentaría si fuese sangre de mi sangre. ¿Cómo una joven que estudia Historia puede sostener tales argumentos? Algo falla. ¿Se le aplica a la joven el beneficio de la libertad de expresión por declarar enemigos y origen de todos los males a una minoría étnica o cultural, los judíos? Parece una obviedad que es racismo e incitación al odio. ¿Debe ser contemplado como delito? Lo que dijo esta joven en el acto neonazi de Madrid en algunos países con histórica tradición de libertades está penado. Y el cura de sotana y vestimentas litúrgicas, con prédica incluida, qué hacía allí. Si es de la hermandad de Lefevre, el arzobispo de Madrid o la conferencia episcopal deberían haberlo aclarado. Es un escándalo. Y suman. ¿Está esa hermandad lefevrista dentro o fuera de la órbita vaticana? Pablo VI los había excomulgado. Desde Juan Pablo II quizás sean mediopensionistas, como un Marcial Maciel. El cura ese debería saber que al padre de su guía lo persiguieron los nazis, que él bendice, por colaborar con los aliados.

Tapar la toma contraincendios y prender fuego
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