Opinión

Una taberna en Mondoñedo

La Taberna de Galiana que imaginó o creó don Álvaro Cunqueiro no puede ser la que vi este domingo en Mondoñedo. No había rosas frescas ni lilas. Los secretos viajeros de sábado, gente fantasmal, nunca harían aquí una romería. A la bella, dulce Isabel, muerta de mal de amor, no la imagino bajo los soportales, en la plaza de la catedral, en unas mesas de terraza sin personalidad. Optaría por la terraza de al lado, la del Rei das Tartas. La ampliación hostelera, con mesas y maderas, al espacio propio de la plaza de la catedral, que además soportaba este domingo vehículos varios, no parece que se corresponda con uno de los pueblos más bonitos de España. Se escuchaba inglés y se veían gentes con uniforme de turistas o de peregrinos que descubrían y gozaban de la ciudad y las empanadas varias en la marcha hacia Compostela. En la catedral oficiaban misa de la Ascensión, con homilía de bondades e ingenuidades. Eran pocos, muy pocos, los que seguían la liturgia. Mondoñedo es camino de soledad desde hace más de un siglo.

La taberna de Galiana está en mitad de todos los caminos, a derecha e izquierda. Diría que escuché más de una vez la risa de Galiana, que es la señal para identificar cuál es su taberna, en la taberna de Sargadelos, en el cercano Cervo. El mobiliario, la decoración con obra de Luis Seoane, eleva a especio mítico lo que es una taberna del país, en la que pudiera sentarse el creador de mundos de Mondoñedo a escuchar a un marinero o un labriego, si es que aun existiese. Compartirían vino del Rosal, de Amandi o de las judaicas tierras de Ribadavia. La elección de mobiliario y decoración de esta pretendida plasmación de la Galiana, en lo que iba a ser la Casa Museo de Álvaro Cunqueiro, no crea espacio que reclame la risa de Galiana. Creo que la he oído más veces en el Bar do Porto de Corrubedo, el del arquitecto David Chipperfield. Quizás pudieran llamarlo, explicarle la historia de Galiana, si no la conoce, decirle de las hermandades de estas tierras con Britania y contarle que la taberna que imaginó Cunqueiro está en un robledal en el camino que va por el mar de Galicia a Bretaña. A ver si él transforma este espacio y manda que el mobiliario actual lo aprovechen para la cafetería de una estación de autobuses que construya la Xunta.

Hacía algún tiempo que no paseaba por Mondoñedo. Lo echaba en falta. Iba ilusionado la mañana del domingo y salí con algunas frustraciones, no solo la de la taberna. El primer golpe fue el estado en que se encontraba el viejo cementerio. Siempre que se va a Mondoñedo hay que entrar allí y pararse ante algunas sepulturas. Peor todavía, abandono, el Parque da Lembranza, -¿cambió a parque do esquecemento ?-, "homenaxe aos ilustres devanceiros Manuel Leiras Pulpeiro, Pascual Veiga e Álvaro Cunqueiro".

Subí las escaleras a la primera planta de la Casa Museo, de la Taberna, por ver si la boca de Galiana adormecía todavía en la boca de aquel hombre al que distinguió con una taza de plata cuando le sirvió el desayuno.

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