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Con el palillo en el escaño

Viene de muy atrás la ola de falta de clase para saber estar. En política la alimenta la radicalidad que solo existe en forma de bloques permanentemente confrontados. Las boberías, chulerías, exhibiciones de ignorancia con título universitario, provocaciones y simplezas son su expresión. Sucede también, semana tras semana, desde los escaños del Congreso de los Diputados.

La ola de mala educación en política, la grosería como argumento, es anterior a la pandemia. Es la expresión de la carencia de bagaje. El bicho que nos amenaza, nos debilita o nos mata no es el culpable. El mal viene de atrás. La ola que afecta a la salud mental que deja la pandemia no la entienden esos que muestran la falta de clase desde mucho antes. Nunca tuvieron maneras ni para el insulto.

Acierta Íñigo Errejón. El Gobierno de Sánchez y los gobiernos autonómicos han de dar respuesta a las angustias, depresiones, desesperanzas, pesimismos, desilusiones que siembra en casi todos, con más o menos intensidad, el coronavirus y las medidas que se adoptan para atajarlo. Hay que estar alerta para que no entre la depresión. Todos necesitamos, hasta los bárbaros del insulto, sentir físicamente una mano amiga, sentirnos acogidos. La fórmula frente a esa ola de la que advierte Errejón no puede ser empastillar al país. Pudiera suceder que además de mucho más pobres, que ya lo somos, acabemos mucho más infelices.

Carmelo Romero con su "vete al médico" le ofreció en bandeja a Íñigo Errejón la prueba empírica de las consecuencias psicológicas que produce la pandemia. Probablemente la salida de tono de este diputado, con largo historial político, esté relacionada con la insolencia como forma de discurso. Tampoco sorprende la paternidad del exabrupto después de acceder al conocimiento de algunos antecedentes de este diputado, que acumula currículum estándar de los nuevos padres de la patria.

Ha caído en desuso el carajillo, que ahora le llaman cóctel y antes era para dar coraje antes de echarse a la carretera o a la faena, y por lo que se puede deducir por el cierre de destilerías también el consumo de cazalla por tierras del sur ha dejado paso a los zumos de frutas variadas por sus vitaminas. Por tanto no es el desayuno la explicación de esta salida de tono, que le hace un pobre favor a la bancada de la derecha. Es como si alguien se pusiese a escarbar los dientes con un palillo en la Rotonda del Palace. Tiene este suceso, el del insulto y la falta de respeto, un toque montaraz.

Entre el carnet por puntos y algo que hemos ganado en civilidad ya no hay conversaciones a gritos en los bares de las gasolineras ni el suelo de las cafeterías está alfombrado de papel de azucarillos y huesos de aceituna. Las latas de cerveza, las botellas de plástico vacías o las mascarillas que acumulan las cunetas de las carreteras muestran un país irredento como sucede con la salida de tono de un diputado frente al planteamiento de un asunto tan serio como las amenazas para la salud mental de las personas.

Con el palillo en el escaño
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