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No es lo que dicen

¿DE QUÉ se ocuparon Pablo Casado y Pedro Sánchez este miércoles en el Congreso? No de vías de salida al problema catalán. Se trató exactamente de colocarse en primera fila en la ventanilla que despacha los billetes para ocupar o permanecer en la Moncloa. Casado ve su gran ocasión. El actual líder popular no modificó las posiciones de Rajoy: dejar pasar hasta que los trenes choquen, como sucedió ya.

No es la cuestión a resolver los problemas con una parte de la política y la población catalana . Es la oportunidad para garantizar la permanencia en la Moncloa o para desalojar al actual inquilino. Estamos ante las prisas de uno por llegar y las ansias de permanencia del otro. Casado pide la dimisión de Sánchez y la convocatoria de lecciones porque entiende que este contexto es su gran oportunidad. Ve en los indultos un desgaste ante un amplio sector del electorado. Un sentimiento en la opinión pública que se alimentó hasta el exceso por parte de algunos medios y tertulianos. No desmerece nada de la utilización nacionalista y secesionista que se practica a tiempo y destiempo en los medios públicos, y semipúblicos, catalanes.

La escenificación de la puesta en libertad de los políticos catalanes presos muestra a las puertas de las cárceles una voluntad de imposición, no de diálogo. Mal empieza esta nueva etapa, si es que existe algo diferente. ¿No se puede decir vamos a hablar en lugar de un lenguaje de humillación hacia quien les indultó? Al diálogo no se va con imposiciones previas, con líneas marcadas, calificando de débil al otro. El discurso de Aragonés, presidente de la Generalitat, desacreditó al de Pedro Sánchez sobre los indultos.

La reacción que expresa Pablo Casado se mueve en el mismo campo de negativa al diálogo: no hay nada que sea negociable, que sea reformable. Y si lo hay, no lo dice. Así nunca se resolverá el problema, que existe. Acentúan el pesimismo histórico. Cambó que quería ser catalán y español murió en el exilio y a la mente pensante de Ortega solo se le ocurrió como solución el conllevar que es la expresión de la incapacidad para resolver.

¿En qué se mueve Pedro Sánchez? En el trabajo por la permanencia en el poder. Su discurso de campaña electoral— cumplimiento de penas, colocar a Puigdemont ante la justicia— cuestiona ahora radicalmente la credibilidad de los indultos como ensayo de vía para, al menos, desenquistar la situación política en Cataluña. El cambio —se puede cambiar— de posición del Gobierno exigiría para ser creíble una explicación ante la ciudadanía. Un reconocer que antes se dijo otra cosa. El silencio muestra que el único objetivo es ocupar el poder. Entonces interesaba el voto del nacionalismo centralista y ahora hay que garantizar los apoyos de Esquerra para permanecer en el Gobierno.

Si la credibilidad de los cambios de posiciones exige en la vida personal humildad y valores firmes, en la política ni se contempla: no hay convicciones, hay estrategias. La debilidad en el caso de Sánchez y en este asunto se refleja precisamente en no explicarse.

Cambó murió en el exilio. Roca se retiró. La vacante, como escribió Leopoldo Calvo— Sotelo Ibáñez—Martín en una tercera de ABC , está sin cubrir. Añado, no era Rivera ni Ciudadanos, por supuesto.

No es lo que dicen
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