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El inagotable cajón de quien vive para escribir

Los papeles de Josep Pla, 35 años después de su muerte, siguen dando nuevas aportaciones como la de Hacerse todas las ilusiones posibles, además de los 45 volúmenes de Obra completa de Destino

La mañana que fui por vez primera por el Carrer Nou, en Palafrugell, camino de la Fundació Josep Pla olía a horno de leña caliente, a pan recién cocido. Era un ambiente familiar de la aldea de mi infancia. Había despertado ese día en Aiguablava con los golpes suaves del agua del mar bajo la ventana. Al correr las cortinas entró toda la luz que uno pueda imaginar y desear. Estaba ante todo un mar azul. Había llegado de noche. Tan tarde que la realidad del mar la tuve únicamente por la piel, el olfato y el oído, pero no por la vista. Era tan tarde cuando llegué a Aiguablava que  solo pude tomar un sanwich como cena, y como un favor. Iba al encuentro del Ampurdán, o Empordà, de los paisajes y los espacios que conocía por la lectura de Josep Pla, uno de los mayores escritores que tuvo Cataluña y España en el pasado siglo.

Josep Pla. EUGENI FONCADOTras aquel primer impacto de la mañana con el mar y la luz, y como para establecer un hábito de familiaridad o de ritualidad, que obviamente no existía, primero  dediqué un tiempo para el café en un establecimiento de la plaza prinicipal de Palafrugell. Un tiempo para ambientarme, con la antena puesta en las conversaciones de los jubilados que había a aquella hora en el café, una lectura sosegada de los periódicos y una rápida ojeada a un mercado de productos de la comarca que aparecía como un reclamo desde una esquina de la plaza. En unos bancos de la plaza permanecían sentados unos marroquíes vestidos con sus chilabas. No era ese el Empordá de Pla.

El mercado y una librería  aportan información útil para conocer la realidad de aquella localidad que se visita. Lo aprendí en la lectura de Pla. El banco de la plaza del pueblo, también. Lo descubrí allí. Pla lo practicó en Lugo cuando hizo noche en esta ciudad, según el testimonio que dejó camino de Lisboa. El viaje de la foto con Cunqueiro y Torrente en la puerta del Mosquito, en Vigo.

Del mercado de Palafrugell, en visitas posteriores, pude deducir que tiene que ser buena la calidad de la cocina y la mesa de aquella población. Hay una rica oferta de huerta y mar. De ahí saldría esa cocina que contó Pla en Lo que hemos comido. O la que se disfruta en la mesa del Motel de Figueres, al lado de la antigua carretera N-II, donde guardan recuerdo del escritor del Empordá. Es el origen de la cocina catalana moderna,  o eso dicen;o en el restaurante del lujoso Mas de Torrente, entre otros buenos espacios de la comarca. Hay que comer necesariamente el arroz mediterráneo en Cadaqués, ya en el alto Empordá.

La visita a la librería tocó a última hora de la tarde. Era un bar-librería, o mejor, los dos establecimientos comunicados. Una muy buena idea. Había conversación de música y piano.

Volvamos al café mañanero, de donde me fui al encuentro de la casa del Carrer Nou, para posteriormente acercarme a Llofriu, y adivinar Mas Pla. Solo es posible eso. Una lástima que los herederos no tengan organizadas las visitas y poder sentarse —con tarifa, claro— bajo la bóveda de la chimenea donde recibía y escribía Pla.

De Pla tuve conocimiento, muy joven, en Destino.Me enganchó la lectura  de sus artículos en esa revista, en la que colaboró durante décadas hasta que Destino fue adquirido por Banca Catalana y Pujol despidió al escritor de Palafrugell. Nunca tuvo buena opinión Pla de Pujol, el «milhoms». Ni el pujolismo aceptó a Pla, que bajo el franquismo viajaba a Francia para encontarse con Tarradellas, el president en el exilio. Después o durante aquellas lecturas juveniles de su colaboración semanal en Destino —Umbral destacó la foto que acompañaba la firma, nada que ver con un payés— vino el descubrimientode de las opiniones y las referencias de Baltasar Porcel o de Néstor Luján, que me llevaron a sus libros. Logré, al fin, los 46 tomos de la Obra Completa.

TODAS LAS ILUSIONES. Acaba de aparecer Hacerse todas las ilusiones, con textos inéditos de Pla. Si en el extraordinario dietario de El cuaderno gris no había "arquitectura interior ni exterior", según el análisis de Joan Fuster, en esta última publicación estamos ante un auténtico cajón de sastre, interesante y coherente en la mayoría de sus páginas con lo que es el Pla que conocemos de los dietarios o las notas sueltas. Hay textos que parece fueron forzados a introducirse para dar cuerpo al libro. ¿Qué coherencia hay, qué aportan los anexos con las cartas de Sentís y de Mauricio Serrahima?

Estamos también en este caso —Hacerse todas las ilusiones posibles— ante el dietario sin "el dogal de la cronología". Son recuerdos, ideas, confesiones, lecturas. Aportan más conocimiento del pensamiento de Pla. También de su posición frente al franquismo, por si había dudas de sus críticas a un país de censura y clericalismo. Son textos con voluntad literaria. Fueron escritos con ese fin. Sospecho que no se podrá decir lo mismo con toda La vida lenta, que  apareció en 2014, también con textos que no habían visto la luz. En este caso —La vida lenta— aporta conocimiento íntimo del escritor ampurdanés, de la condición de exiliado interior, voluntario y obligado, de su sus soledades y sus miserias humanas, del aislamiento con el exterior a pesar de estar al lado de Francia. Cómo agradecía el obsequio de unos ejemplares de prensa italiana o el acceso al The New Yorker, que elogia como gran referente de periodismo.

En La vida lenta cabría preguntarse, creo que con lógica, si se trata de textos que escribió para ser editados o si estamos ante notas personales para su propio uso, ante textos de un grafómano que no se permite descanso alguno, que necesitaba escribir para respirar. Se plantea aquí la duda de si algunos de esos textos responden a una voluntad literaria, que tuviese el escritor, o si sirven más bien a los intereses de los herederos o los editores. Pla pudo haber dado en vida esas hojas a la impresión, incluirlas incluso en su obra completa, ya sin riesgo de censura, desaparecido Franco.

OBRA INMENSA. Josep Pla (Palafrugell 1897-Llofriu 1981) está considerado por amigos y enemigos como el más grande narrador catalán del siglo XX. Su obra es inmensa por tamaño. La edición que Destino hizo de sus obras completas la componen 45 volúmenes, más uno con índices, en una ya mítica tapa dura roja. Hoy es pieza de coleccionistas. La vi por vez primera en la biblioteca de Felipe Fernández Armesto (Augusto Assía) en la Casa Grande de Xanceda. También este corresponsal de A Mezquita optó al final por retirarse a la campiña gallega y, con un ejemplar de The Times en una mano, ocuparse de sus vacas y saborear en el orballo recuerdos de Londres.

Contamos que siguen apareciendo libros nuevos de Jopep Pla después de la obra completa. Más de 35 años después de su muerte continúa como el escritor catalán más leído, tanto en catalán como en castellano. La obra de Josep Pla Casadevall es igualmente inmensa  por calidad. Ofrece una prosa que pudiera parecer sencilla.Pero no es fruto de lo espontáneo o la rápidez, aunque transmita esa impresión. Esa cualidad de la sencillez es la decisión y el resultado de un trabajo de transparencia y precisión, sin concesión alguna al adjetivo innecesario, a la palabra que nada aporta. Es su filosofía vital del realismo que, a fin de cuentas, no deja de ser la realidad pasada por su pluma, por la búsqueda del adjetivo que  supone su personal visión de la realidad. No hay otra. La lectura de un texto sobre el paisaje que se ve desde la torre de la iglesia de Pals nos puede llevar hasta allí. Pero, allí, hay que verlo con los ojos del escritor para situarse en esa otro plano de realidad que crea la narrativa de Pla desde su observación y su capacidad de descripción. "Es mucho más difícil describir que opinar. Infinitamente más. Visto lo cual, todo el mundo opina". Puede ser  esta una forma de autodefensa.Opinar libremente en todo tiempo puede traer problemas. Es seguro que los trae bajo una dictadura con la que no se comulga.

Esta doble dimensión de la obra de Pla —extensión y calidad— la destaca ya en 1965 Joan Fuster en las Notes per a una introducció a l’estudi de Josep Pla. Se extiende a lo largo de casi setenta páginas, para dar paso a El quadern gris, que abría la edición de las obras completas en Destino. Fuster comienza esas notas evocando al mallorquín Ramón Llull (1235-1315), el primer gran escritor en catalalán. Es tirar alto. Así lo ve el propio Fuster. "Mes d’un lector desconfiará de mi i corro el risc que m’acusin d’intentar paralelismes estrafolarios". Pero ni es provocación ni concesión o halago. No encuentra otra "referencia doméstica" que sea medianamente válida para poner al lado de la obra de Pla. Estamos ante dos grafómanos: Llull y Pla. Diferentes, claro. Pero que en ambos casos representan aportaciones enormes, decisivas y sólidas para la literatura y para la lengua catalana.

Pla es un gran observador de la vida cotidiana, de su entorno. Su escritura es la empresa de reflejar en sus dietarios o en sus notas esa realidad, el día a día del Ampurdán de sus amores o de lo que ve en sus viajes por el mundo. Hay quien dice, él mismo lo confiesa, que viajaba para escribir sobre lo que veía, no por el placer de viajar. Nunca fue turista. Así se lo cuenta a Soler Serrano. Nunca viajó por el simple placer de viajar.

PERIODISTA. Dionisio Ridruejo atribuye esta inclinación por la literatura memorialística, por contar lo que ve, a su labor de periodista. Ridruejo, con su esposa Gloria Ros, son los traductores al castellano de El quadern gris.

Pla, que estudió Derecho en Barcelona, fue periodista para ser escritor. Reciente está la aparición de sus crónicas en la revolución de Asturias (Díaz Fernández, Chaves Nogales, Pla: Tres periodistas en la revolución de Asturias. Libros del Asteroide). Recomendable. De lectura necesaria, entretenida y rápida, para ochenta años después dejar de ver  por fin aquella España con anteojos de bando.

Hizo sucesos en sus inicios. Trabajó en La Veu de Catalunya; escribió desde el Madrid que vio llegar la II República ( Madrid. El advenimiento de la República. Espasa 2002.  La segunda República Española, Destino,2006), fue corresponsal en la Europa de entreguerras y fue siempre viajero por el mundo. Está el testimonio de sus maletas con aquellas pegatinas de las ciudades a las que se viajaba. Están los libros que cuentan esos viajes, desde Nueva York a Israel, por ejemplo.

El disfraz de payés, boina incluida, que se impuso tras la guerra nunca pudo ocultar al hombre cosmopolita que en su juventud en París aspiraba a ganar dinero para lucir bombín y ser independiente. Después de la guerra necesitaba escapar de su encierro en Mas Pla, a donde se retiró frustrado y escéptico, quizás cargado solo de las ilusiones posibles.

POLÍTICA. Es cierto que en abril de 1939 escribió en La Vanguardia Un viaje por una Cataluña liberada, pero también es cierto que en 1956, por ejemplo, escribió "me invade una gran depresión, más fuerte cada día: la sensación de que no hay nada que hacer. El asco físico que me da Franco me deprime". Los testimonios de la frustración que le produce el franquismo, el daño y la parálisis de todo tipo que genera ese régimen en la sociedad española están en sus dietarios. No se contradice esto con el hecho de que Pla, como otros, optasen en 1936 por el bando sublevado e incluso que colaborase con prestación de servicios de espionaje desde Marsella, como publicaron Cristina Bodosa o el historiador Josep Guixá. La carta de Carlos Sentís que recoge este última publicación, Hacerse todas las ilusiones posibles, apunta a esa realidad de colaboración con el franquismo y de sus problemas bajo la dictadura y la censura. Sobre Sentís no había duda de su franquismo.

El Pla político es un conservador y antimarxista-comunista confeso. "Las revoluciones son inútiles". Quizás vivió o fue testigo de demasiadas revoluciones en pocos años. La Europa de entreguerras, como España, fue una agitación constante. Su biografía política puede verse llena de sombras hasta poco después de terminada la Guerra Civil. A partir de ahí, opta por guardar silencio. Pero ya no hay colaboracionismo. La biografía política está por aquí y por allá salpicada de sombras, unas probablemente sembradas por él y otras como consecuencia  de inexactitudes que se repiten o que, a veces, da la impresión que se mezclan con valoraciones que se presentan como datos. Si hubo un tiempo en que se le pintaba franquista monocromático, ahora asoman textos que lo quieren ver nacionalista a ultranza, oculto sí, pero secesionista. No parece que su biografía política vaya por ahí ni que las contradiciones en la trayectoria de la vida, que en tantos produjo la circunstancia extraordinaria de la Guerra Civil, llegasen a tal grado de bandazos.  No es un escritor para el procés ni para la España uniformista y "asimilada", un adjetivo que tan poco gusta ahora. ¿Acaso militó Pla en el idependentismo y al mismo tiempo fue joseantoniano? ¿Acaso renunció alguna vez a su lengua catalana? Fue un catalanista, no hay duda. Estuvo vinculado a la Lliga Regionalista de Frances Cambó. De ahí su incorporación a La Veu de Catalunya, periódico en la órbita de la Lliga.

Expresa una visión de lo castellano como muy diferente, muy alejada y muy distinta de la realidad del Empordá y de Cataluña. Pero de ahí no se deduce sin más confesión ni más hechos que sea separatista. Pla es, para decirlo con su misma concepción de la literatura, pura observación de la realidad en esta cuestión territorial de España, en la mirada sobre Cataluña y la España castellana.

El catalanismo de Pla no se cuestionó, ni por quienes lo pretendieron silenciar e ignorar. Fue un "silencio de los mediocres. Una conjura de mediocres", ya en los tránsitos a las libertades. Fue la envidia por lo que representaba para el catalán.Y no se le controlaba. Pero, en todo caso, no es el Pla político el que interesa y sigue vivo para el lector que se acerca a su obra. Hay un "espíritu", una Weltanschauung, que sí interesa, por transmitirnos la realidad cotidiana bajo el franquismo, por  situarnos en esa realidad la posición de un hombre viajado y lector infantigable. También se puede ver, y así se ha hecho, en su literatura y hasta en su filosofía vital una especie de Montaigne ampurdanés. Si el francés de Les Essais fue el señor de la montaña, el catalán sería el señor de Mas Pla. Fue un fiel lector de Montaigne. Lo confiesa. Le cansaban tantas citas en latín y griego, como nos sucede a tantos otros con Montaigne. Por cierto, también este viajó para escribir. O al menos, lo contó en el Diario del viaje a Italia.

EL RETRATO. El retrato de Pla está en Televisión Española. Lo presenta Enric Juliana, otro gran periodista catalán. El retrato está en una entrevista extraordinaria de Joaquín Soler Serrano. Esa era televisión pública. El programa A fondo que ofertó la presencia de don Álvaro Cunqueiro, igualmente magnífica, que llegaba a Barcelona de un país de nieblas. El retrato de Pla está en El hombre de abrigo de Valentí Puig.

"Avaro, sucio, maleducado y gorrón", dijo de él una mujer que lo conoció bien, aunque Pla aseguraba que nunca amó. Al Empordá y a su obra me llevó su fecundidad y capacidad creadora.

El inagotable cajón de quien vive para escribir
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