Opinión

Homenaje pendiente

El paradigma de la pausada ejecución de las obras públicas en Galicia y el teatrillo que las rodea pudiera representarlo la A-54, la autovía que algún día unirá —sí, en futuro— Lugo con Santiago. El tren en Galicia, que sería otra pieza de referencia, exige tesis doctoral independiente.

La inauguración del primer tramo de autovía, que enlaza Santiago con las proximidades del aeropuerto de Lavacolla, fue en 1999. Va para un cuarto de siglo. Arias Salgado, un ministro poco dado a las inversiones en Galicia —lo anormal en el Gobierno sería lo contrario— abría sin mayor entusiasmo esa primera decena de kilómetros de autovía, todavía con muchas carencias de enlaces, incluido el acceso al aeropuerto. La historia había empezado en 1992 cuando el señor Borrell anunció el estudio de la obra de una autovía que por las comarcas interiores uniese Lugo con Santiago. ¿Por qué se va a Nadela, rumbo a Madrid, y no a Baamonde o a las proximidades del polígono de O Ceao, en Lugo, para aproximarla a la A-8, camino del norte de la península y Europa? Alguna explicación habrá salvo que prime siempre la visión radial y centralista de las comunicaciones como pretenden ahora con la alta velocidad ferroviaria entre Lisboa y Madrid, en perjuicio de la opción Lisboa, Oporto y Vigo.

Con la A-54 sin rematar pasan por la presidencia del Gobierno Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy y el señor Sánchez. Este último ya suma casi seis años en el poder y la obra no conoce el final. Enumerar los ministros de Fomento supondría una larga letanía. Un detalle, las responsabilidades de Sánchez en la lenta marcha de las obras hay que atribuirla a la herencia recibida. Lo hizo el ministro de turno cuando vino ahora a Galicia dentro de la interminable procesión ministerial de campaña. El principio exculpatorio de la herencia recibida lo aplicaba muy bien estos días Félix Bolaños, el apologeta del presidente del Gobierno, por la muerte televisada de dos miembros de la Guardia Civil en Barbate.

El aniversario de un cuarto de siglo podría merecer un reconocimiento a todos los titulares que en este tiempo han pasado por Fomento. Podrían reunirlos bajo una carpa donde exista algún monolito de inauguración de inicio de obras. Monolitos que con el nombre del político de turno dan testimonio para la historia y para excavaciones en siglos futuros, si es que aquí queda algo.

En el acto —cuarto de siglo de espera— se deberían reproducir los discursos que cada uno de los ministros y ministras largó sobre la construcción de esta autovía. Las medallas se las colocan ellos solos. E igualmente estaría justificado un concurso para elegir el mayor baboseo de un político local, o sea, con responsabilidades en el país, ante el ministro de turno. Los hay de club de la comedia para no usar una adecuada palabra malsonante. Valgan los elogios que le dedicó un alcalde a Magdalena Álvarez, la del "plan Galicia de mierda". Ciérrese el acto con reproducción de las proclamas y compromisos pronunciados en las múltiples campañas electorales sobre las obras de la A-54 : "Con nosotros, ahora sí". Mientras esto suena potente en la megafonía se lanzan "foguetes de tres e catro estalos" para que se sepa que es día de fiesta.

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