Opinión

El amor y el fisco

Ver un enamoramiento en términos económicos se presenta como la antítesis de lo que es el amor. Pensamos, en principio, que es ciego y desinteresado. Eso nos predicaron. Por algo el bolero es patrimonio inmaterial de la humanidad. Contigo pan y cebolla. Así se refleja de forma dominante en letras de canciones que alimentan el período de ebullición por el que todo enamoramiento pasa. También abunda todo lo contrario. No solo el desengaño, sino la expresión del machismo más burdo en una amplia colección de canciones de la mujer mala: vete de mí vera, que cantaba Imperio Argentina y luego Sara Montiel. 

Pero, curioso, observo que hay letras más estúpidas, machistas e infumables en el rap, reggaeton o lo que sea que me llega un día sí y otro también — rigurosa actualidad musical— en las salas donde intento que los músculos no se me atrofien del todo. ¡Qué burradas de letras! No figuran, curiosamente, en el listado de lo políticamente incorrecto que decreta la nueva inquisición. La filosofía del Fary, con perdón por la cita de autoridad, es mucho más progresista que la concepción de la mujer que refleja, con más que toques de vulgaridad y basteza, el rap que llena las salas del gimnasio.  Y es expresión, espejo, de esta sociedad de hoy. En qué cultura social se alimentan tales letras. Ahí sí que debería levantar un muro Pedro Sánchez, si sus amistades de entre 40 y 50 años se lo permiten. La observación es de Irene Montero, toda una exministra, en la despedida. Hay portazos muy sonoros.

Pero también hay silencios, y vuelvo a la música, que no se entienden sobre todo cuando el fuego purificador de un neopuritanismo, camuflado bajo ropajes de progresismo, pretende reescribirlo todo. 

Comparar el coste de un enamoramiento entre Madrid y Barcelona es una originalidad. O pudiera parecer un disparate. No se le ocurrió, que sepa, ni a Puigdemont, que conforma gobiernos en España desde Waterloo, ni a otros apologetas del independentismo unilateral. La razón puede ser simple: el amor es más caro en Cataluña que en Madrid. Puede alcanzar los 120 millones de euros, cifra que no valdrá para el común de los mortales aunque sean polvo enamorado, que llevó a soneto Quevedo. Con estos datos, no solo el domicilio de las empresas, también el de las bodas y los recién casados podrían tomar la vía de salida en Cataluña. Se entiende que los independentistas no los utilicen en su argumentario. Pau Molins, el abogado de Shakira, tira en unas declaraciones radiofónicas de este curioso elemento diferenciador: lo caro que sale enamorarse en Barcelona en comparación con Madrid. Son las rebajas fiscales de la lideresa Ayuso, que por ahí rompen España. A Shakira le hubiese salido mejor, al menos fiscalmente, enamorarse de un jugador del Madrid y no de Piqué. Sergio Ramos pone como ejemplo el cotizado penalista, que vimos como letrado de la infanta Cristina, y con clientes como Narcís Serra o Sandro Rosell.

Lidera además una banda musical. No todo va a ser códigos. "Si tuviese voz, colgaba la toga". Claro, a la vista de las cuentas de Shakira.

Comentarios