Opinión

Cuota de mantenimiento

No hay una medida objetiva para la capacidad de escandalizarnos. El cobro de una comisión de 20 euros al mes por mantener en el banco diez mil euros debería figurar en el activador de escándalos. Debería sonar la alarma social, sobre todo si la víctima es un anciano de 89 años. Incluso debería ocupar algunos de los espacios que los medios de comunicación, tanto los de la fachosfera como las terminales mediáticas sanchistas, le dedican a Ábalos y a Koldo. Estaré atento a las tertulias, por si mis sospechas son infundadas.

Sé que hacer demagogia y populismo es fácil, también en periodismo. A veces caemos en esa trampa. Y en otras tantas ocasiones, callas, vas a otro tema para no deslizarte con todas las expresiones malsonantes, aunque contenidas, por la pendiente de un cabreo monumental. Podrá decirse que en ocasiones los más demagogos tienen razón. Y también que quien cría y abona demagogos y radicales antisistema para que crezcan como las setas tras la lluvia es la inacción —¿cobardía, complicidad, sumisión?— de quienes asumieron la responsabilidad de la paz y estabilidad social social. Podrá decirse que ya está bien de no ponerle puertas al desmadre.

Cuando un banco le cobra a un cliente —un ciudadano— una cuota de mantenimiento de 20 euros al mes por una cuenta en la que no realiza ningún movimiento, algún tipo de reacción cabría esperar de las autoridades competentes. Salvo que esto entre dentro de los códigos de buenas prácticas bancarias que viene a ser labia desatada como la de atribuir calidad de ecológico a los condones. ¿Cuántas preguntas a la ministra de Economía o al gobernador del Banco de España se han registrado por parte de los diputados y senadores de Lugo, provincia en la que se ha cometido este presunto atropello? No se me ocurre término más delicado. No nos cieguen Ábalos y Koldo y todas las mascarillas que ignoramos dónde acabaron y el sobreprecio que se pagó por ellas. Fueron procedimientos extraordinarios mientras nos encerraron y nos mandaron aplaudir desde las ventanas.

Si, además, el cliente del banco, el ciudadano supuestamente sujeto de derechos y que vota para que le representen, tiene 89 años, digo que será un agravante a la hora de llamar a capítulo a quien autorizó el cobro de esa comisión. ¿Se podrá hablar, presuntamente claro, de usura desenfrenada o vía libre, legal por supuesto, para desplumar a los clientes? Al trilero de la esquina podrían pagarle por distraernos la atención de lo fundamental.

Un agravante más, e indefensión, el sistema te obliga, te impone que pases por el banco hasta para pagar las multas de los impuestos indirectos del descaro, como los radares trampa en las autovías. El anciano al que le birlaban cada mes 20 euros, si quiere cobrar su pensión ha de pasar por el banco.

La trampa de hablar del reparto de dividendos entre los accionistas, pequeños ahorradores, el capitalismo popular que decía la señora Thatcher, no debería colar. Sencillamente, no es cierto que los intereses legítimos de los pequeños accionistas sean la prioridad a la hora de desatar la usura ni a la hora del reparto. Tampoco lo son en las "desfeitas" bancarias o empresariales.

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