Opinión

Confirmados dos liderazgos

Ana Pontón, tras el 18-F. NACHO SANTÁS
photo_camera Ana Pontón, tras el 18-F. NACHO SANTÁS

El público, o sea, el electorado, que se situó ante el escenario del 18-F en Galicia, no se sentía llamado a presenciar una gira por provincias de la crispada política madrileña. Hubo empeño en trasladar a Galicia la representación. Habrá, por supuesto, excepciones que les atendieron porque por aquí pasaron, con sus recitados de amnistías y confrontación de bloques a bayoneta calada, las primeras figuras de la cartelería madrileña. Incluso vino alguna como Rodríguez Zapatero que parece un recurso siempre disponible cuando no hay de qué tirar para llenar la programación. O, entre los populares, la presencia de Isabel Díaz Ayuso, con un discurso apocalíptico, ajeno a la lluvia y calma de los gallegos, y la propia Cuca Gamarra, que vendría a exorcizar unas amenazas que para Alfonso Rueda y para la mayoría de los gallegos no existen.

Anoche Alfonso Rueda y Ana Pontón pudieron brindar con todo motivo, cada uno con los suyos. Son los grandes vencedores, aunque Ana Pontón no llegase. Los méritos y los triunfos son suyos. Lo podrán seguir celebrando cuando hagan análisis y balance interno. Una nueva mayoría absoluta de los populares es un hecho relevante, para Rueda, como líder gallego y para el oxígeno que representa para Feijóo dentro de su propia casa, en Génova, y ante los peores augurios que le formulaba Sánchez y sus muros. Como relevante es el crecimiento que experimenta el BNG con Ana Pontón, que imprimió un renovado discurso al Bloque. El liderazgo y la nueva línea que trazó Ana Pontón en el nacionalismo, si dentro del BNG se aspira a poder, debería consolidarse como marca y no encontrar zancadillas internas de viejas ortodoxias.

La llegada del populismo de Democracia Ourensana al Pazo do Hórreo se convierte en un fiasco para Jácome, el peculiar alcalde de Ourense. Con un escaño, que no puede decidir nada, carece de capacidad para condicionar. ‘Estate por aí que xa te chamarei’, le puede decir Rueda.

La otra cara es la del PSdeG-PSOE, el gran perdedor. El experimento de Yolanda Díaz, y su fracaso, no parece una prioridad en un análisis urgente. Las lecturas y sus efectos pertenecen a la coalición gubernamental.

José Ramón Gómez Besteiro no se habrá llevado una sorpresa con el hundimiento experimentado por su formación. Le bastaba con reparar en la percepción que hay de su partido en el electorado gallego, según recogía el primer sondeo gallego del CIS para estas elecciones. Hay datos demoscópicos más allá de las intenciones y estimaciones de voto. Y se tendrían que encender las luces de alerta si se paró a echarle un vistazo a la línea de campaña y a los mensajes transmitidos. No hubo discurso propio. Le sobraron casi todos los visitantes que, como era previsible, no supusieron ningún apoyo. No venían a apoyar a Besteiro, acudían a cavar una fosa para Feijóo, a levantar más el muro que anunció Sánchez. Los socialistas tienen por delante en Galicia un inmenso trabajo. Ayer pasaron a ser más irrelevantes en la oposición, en la que aquí ya estaban. La explicación de lo sucedido es algo más que un castigo a Sánchez, aunque también lo haya.

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