Opinión

La bestia que va en nosotros

Cuando leemos o vemos películas, válidas históricamente, que reflejan la violencia a la que fueron sometidos los judíos bajo el nazismo —el exterminio como objetivo— surge la pregunta de cómo se llegó hasta ahí. En qué valores y sensibilidades se asentaba aquella sociedad europea, desarrollada e ilustrada. Los silencios de Pío XII, por ejemplo, frente a lo que sucedía con los judíos bajo el nazismo siguen con interrogantes abiertos y representan manchas que se quieren superar o borrar. La matanza ahora de niños y bebés por Hamás parece acreditada por varios corresponsales que presenciaron la retirada de las bolsas con los cadáveres del pabellón del kibutz en el que fueron masacrados. Sobre las muertes y secuestros de jóvenes que asistían a un festival de música rave no hay dudas. El terror. La masacre de más de cuarenta niños y bebés, con decapitaciones en algunos casos, en un kibutz próximo a la línea de Israel con Gaza, parece que no toca la sensibilidad de algunos. En los kibutz que mantienen el espíritu fundacional los espacios son comunes y los bebés y los niños duermen todos en un mismo pabellón.

En la defensa de los derechos de los palestinos meten de contrabando un antisemitismo criminal que mira para otro lado cuando la barbarie tiene paternidad islamista. ¿Cómo se califica a quienes mataron a los jóvenes que asistían al concierto rave, secuestraron a otros, mataron familias en su propia casa, violaron mujeres y castraron a hombres? Algún portavoz político por la izquierda elucubraba ante las cámaras de televisión sobre el sexo de los ángeles para resistirse a calificar de terrorismo la acción de Hamás. Resulta que tal grado de insensibilidad por inmunidad ideológica adquirida se da aquí entre quienes, supuestamente, son los primeros en levantar la voz ante la injusticia y la opresión.

El argumento que lleva a justificar la acción de las milicias de Hamás por el trato recibido del gobierno de Israel por los palestinos no legitima el crimen, con igual tramposa lógica se justificarían los excesos que pueda cometer ahora la respuesta israelí sobre Gaza y Cisjordania. La acción- reacción con la violencia solo sirve a los extremismos que no quieren una solución pacífica para los dos pueblos.

Lo que deja claro este increíble ataque de Hamás contra la población civil hebrea es que el antisemitismo está en Europa, y en España, más enraizado en amplios sectores de la izquierda de lo que se pudiese sospechar. Ya no son solo los fascismos y nazismos los que prefieren a los judíos muertos. François Ruffin, de la Francia Insumisa, pedía una condena con voz fuerte y clara de la izquierda frente a las atrocidades de Hamás en el ataque inicial sobre Israel. Esa voz debería oírse aunque ni Yolanda Díaz ni Ana Pontón lo vean. Algo básico falla cuando el legítimo y hasta justificado desacuerdo y condena de las políticas ultranacionalistas y de apartheid del gobierno israelí impide a líderes políticos gallegos y españoles condenar la barbarie de Hamás. Es preocupante, por lo que transmite de la sociedad en la que vivimos, que el asesinato de niños y bebés, la masacre de jóvenes que asisten a un concierto y el secuestro de civiles no merezca un tiempo, aunque sea mínimo, en un mitin o en las rituales condenas.

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