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Aplausos

La repetición de las liturgias de aplausos atronadores a Pedro Sánchez por parte de los suyos se explica aunque no la entienda y le moleste a la oposición. Para eso están en la oposición, para sufrir. Si a Casado le cabreó la primera ceremonia de aplausos, aquella del pasillo para recibir a Sánchez, esta de ayer ya le tuvo que colocar al borde de un ataque de nervios. No entienden la política de gestos.

Cómo no va a ser merecedor de la multiplicación de ceremonias de aplausos cuando confiesa desde la modestia, como la que reflejaba todo el discurso de ayer en el Congreso, que "puedo asegurar, desde la humildad (sic), que la posición de España fue determinante en el resultado final de las negociaciones". Así lo mantuvo ante el pleno del Congreso. Por eso la bancada socialista estaba al completo. La lógica necesidad de expresar su satisfacción y de manifestarle el entusiasmo y gratitud al líder por marcar camino en Europa —que se españoliza Europa, al fin— hizo que sus señorías socialistas se olvidasen de la limitación de aforo. También este lleno le molestó a la oposición. Al portavoz de Ciudadanos le resultaron "atronadores" los aplausos, así los calificó, por la presencia al completo de diputados socialistas en el pleno.

Me imagino, aunque no haya constancia, que desde el día 21 pasado suena desde los campos Elíseos a la Unter den Linden, desde la Bastilla a la Alexanderplatz, como un sonido de palmas de fiesta flamenca: no solo por el acuerdo, fundamentalmente por el liderazgo español. Si aquí hay una multiplicación de actos litúrgicos de aplauso, en París y Berlín debe ser una ovación permanente. Sería la respuesta agradecida a la aportación de la canciller Merkel y el presidente Macron. La dimos por cierta ante la llamada que sonó con fuerza en la primavera, desde el sur de Europa, por un nuevo plan Marshall, como lo bautizó Pedro Sánchez. Hubo causa común de Sánchez y Conte frente a los silencios y las frugalidades. Y a la hora de los agradecimientos y los aplausos incluyan, por favor, el nombre de António Costa, el primer ministro portugués, que rompió una lanza sonora a favor de la dignidad de España y del sur de Europa.

Los aplausos empezaron en Italia. El Parlamento recibió de pie y entre aplausos al primer ministro Conte. Este subió en valoración y popularidad. Se hizo fuerte en la política italiana. Y los italianos detuvieron la marcha euroescéptica acelerada que llevaban. Aquí ya nos dirá el próximo sondeo del CIS de José Félix Tezanos cómo crece la valoración de Sánchez y se hunde más una oposición que no sabe ser generosa con los aplausos.

Debería haber advertencia para los excesos de unos, con sus liturgias de acogida entusiasta al líder, y aviso claro a la incapacidad de otros para reconocer que el acuerdo es vital. Tanto lo es que puede marcar la línea de la campaña electoral de la democracia cristiana alemana de la europeísta Merkel, que se va.

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