Opinión

Esto acaba de empezar

Hay muchas cuentas pendientes que a partir de mañana se van a cobrar. Y "no solo por la estrategia del PP" ante la investidura de Sánchez, "sino por la reacción de los socialistas desde el poder". Lo certificaba este miércoles con su firma Jordi Juan, director de La Vanguardia. Un periódico que, por cierto, no es nada sospechoso actualmente de antipatía con el bando gubernamental. Lo digo como viejo y fiel lector del periódico del conde de Godó. Nada que objetar, otros muchos medios capitalinos se sitúan en el bando contrario. Así estamos. 

Pero hay más. También se afirmaba que, tras concluir la sesión de investidura, diputados de Cataluña y el País Vasco regresarán inmediatamente de Madrid a sus lugares de origen "por razones de seguridad". Una situación así —inseguridad personal por motivaciones políticas— debería encender todas las luces rojas. Quizás suceda que los dirigentes políticos sufren una versión del daltonismo que les lleva a ver verde donde realmente hay rojo. También, y no niego que la inseguridad pueda existir, pudiera suceder que demos un salto más en el interés por presentar un clima de alarma. ¿A quién desautoriza que se produzcan altercados e inseguridad por motivaciones políticas? 

Se pronosticó igualmente que se obstaculizaría el acceso de diputados al pleno del Congreso. Es de suponer que de los que votarán hoy sí a Sánchez. Si ese es el escenario, realmente es para preocuparse. Si así sucediera, habríamos descendido a peligrosos niveles en la convivencia. Qué y quiénes han despertado a los radicales, a los ultras, y siembran la crispación política en una sociedad que no llevaba desde los años iniciales de la Transición la discrepancia política o ideológica a la relación personal. La zona nacional y los guerrilleros habían desaparecido del escenario.

No parece que tras los discursos de ayer, en la primera jornada de la sesión de investidura de Sánchez, la posibilidad de comunicación entre los bandos haya mejorado. Más bien todo lo contrario. Si los puentes personales entre Sánchez y Feijoo estaban muy deteriorados, prácticamente inutilizables, lo cual es grave en política para el conjunto de la sociedad, la impresión que dejan varios momentos del debate de ayer apuntan a que el temporal de la polarización se ha llevado río abajo hasta los cimientos de las pasarelas, los whatsapp y los teléfonos móviles que podrían comunicar a los líderes de los dos principales partidos. El combate fue cuerpo a cuerpo y con las bayonetas caladas para dejar heridas sangrando.

La clásica pregunta de quién ganó el debate en este caso sería un ejercicio inútil. Sánchez sale hoy investido presidente por mayoría parlamentaria. Eso es incuestionable. Es legítimamente presidente. Hurgar por esa vía (sospechas de legitimidad) equivale a repetir viejas estrategias, inútiles en sus resultados, que evidencia ignorancia o dudosa aceptación de las reglas de una democracia parlamentaria. Pero si el debate de investidura era la gran ocasión para que Sánchez hiciese pedagogía sobre la amnistía que le da siete votos, me temo que hemos quedado sin introducción siquiera a un breve opúsculo que la justifique en estos momentos y circunstancias. Ahí le apuntó Feijóo.

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