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A medio plazo

LA CAMPAÑA regional de Madrid se planteó en clave general de España. No fue un acierto para Pedro Sánchez que es el rostro de la derrota. Sacrificó además sádicamente al candidato Gabilondo. Los resultados de ayer son de la Comunidad de Madrid y a los triunfadores podría conducirles a error de estrategia y cálculo. No los veo como una muestra válida del conjunto español. Madrid es «un ecosistema político» particular y con un peso específico, a veces sobredimensionado, en las líneas políticas de los grandes partidos. Cuestión diferente es observar qué efectos tendrán estas elecciones en el mapa político y en los partidos. Los análisis de los mensajes y estrategias de campaña y los resultados de ayer en Madrid que interesan fuera de la M-30 son los que apunten a efectos a medio plazo en la política española.

Al PP le toca digerir bien el éxito de Ayuso. Es el fruto de una campaña. Hay un punto fundamental para Casado: frente a tendencias trumpistas como fórmula de éxito -la polarización en la campaña madrileña- parecería más lógico que a partir de aquí el PP trabajase en la línea de recoger bajo sus siglas al centro y a la derecha española. No es necesariamente por la vía de la polarización.

Con Ayuso triunfó una estrategia de campaña. Es fundamentalmente un éxito de sus técnicos y comunicadores: han colocado el producto. No revalidó una gestión, como la particular que aplicó en la pandemia, ni un programa. Pedro Sánchez está obligado a obtener conclusiones de la derrota. O deberían pedírselas desde dentro. Para el PSOE hubiese sido más rentable que apareciese el candidato y su mensaje tal cual es la imagen de Gabilondo, frente a las estrategias y los mensajes que le impusieron los comunicadores y estrategas electorales. Si en Ayuso es el triunfo de comunicadores, en Gabilondo es fracaso de los suyos. Con los datos de las regionales madrileñas, el centro queda vacío. Al menos para un apunte de urgencia, tanto como reagrupar el voto del centroderecha y la derecha, Ayuso sale beneficiada con la polarización con la que se planteó la campaña. Una polarización que viene de atrás y que tuvo en el Gobierno -Sánchez- Iglesias- activos impulsores. El último mitin de Pedro Sánchez fue en esa línea como lo fue la campaña de Ayuso. Ciudadanos se ha ido al abismo por su propio juego: la renuncia a ser elemento central e imprescindible para dar estabilidad a derecha e izquierda. Incluso fue así el mensaje de su candidato en Madrid: los diputados de Ciudadanos solo apoyarían al PP. Con toda lógica sus votos se fueron al PP. Para qué intermediarios. ¿Es el tramo final de ese partido creado en laboratorio para Cataluña? Todo apuntaría a que el experimento llegó a su fin a lo que contribuye la polarización política y mediática.

El éxito de Ayuso y su campaña en Madrid no la convierte en referente único para el PP en España. En Galicia, con un discurso de moderación y sin extravagancias tabernarias, Feijóo suma mayorías absolutas sucesivas. No es algo circunstancial; es una fórmula contrastada para el centro derecha.

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