Opinión

Manejarse en el mundo

Utilizo regularmente una de esas instalaciones deportivas públicas que han intentado adaptarse a las personas con autismo y, no importa el número de veces que vaya cada semana, una y otra vez me sorprendo a mí misma mirando pasmada esas señales que, encima de un lavabo, junto a las duchas o en las taquillas, explican con un dibujo qué son esos objetos. 

Se me hace dificilísimo entender cómo es posible que alguien sea incapaz de identificar, con solo verlas, piezas y espacios que forman parte de la vida cotidiana y que, curiosamente, las reconozca sin problema si lo que ve es una ilustración.

Supongo que todos nos pasamos media vida preguntándonos si nuestro cerebro es 'normal', extrañados con frecuencia de las cosas que pasan por él y las reacciones que nos inducen. Y, sin embargo, a la vez, nos cuesta mucho entender las cabezas ajenas y que, siendo a la vez todos tan parecidos, podamos ser también tan distintos.

Al final, esas estampas que se han ido colando en la vida de todos sirven también para recordarnos eso, que el mundo es muy diverso y que manejarse en él no es algo que hagamos todos de igual manera. Hay quien no entiende nuestros códigos y nosotros no entendemos muchas veces los suyos. Yo, por ejemplo, soy de las que no sé si puedo cruzar una calle si me dejo guiar por las señales colocadas en los semáforos para los autistas. Pero resulta que son códigos necesarios, porque una de cada cien personas tiene autismo, como recuerda Raiolas con motivo de la celebración del día dedicado al colectivo.

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