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Seamos optimistas

DIJO CHURCHILL que "un optimista ve una oportunidad en toda calamidad; un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad". Y cuando comienza el nuevo año entiendo que hay que ser en el ámbito de la vida pública española, optimistas en el sentido que apuntaba el estadista británico.

Y no solo hemos de ser optimistas, debemos tener la esperanza de que las cosas irán mejor, trabajando cada uno de nosotros en lo que esté a su alcance para que así sea.

En lo que al Gobierno se refiere, hay que considerar que de lo que se trata es del Gobierno de España, no de un gobierno del PP, del PSOE o de cualquier otra fuerza política. A nadie se ha confiado en exclusiva la responsabilidad de articularlo. Y todos deben contribuir ahora a la conformación de un nuevo ejecutivo, ya sumando su apoyo, ya guardándose de poner obstáculos injustificados.

No es cierto que dos partidos que tienen planteamientos, propuestas y posturas en muchos puntos contradictorias, no puedan convenir un programa de gobierno sustentado en aquello que coinciden y en un compromiso cierto acerca de cómo gestionar el interés general del país con un determinado horizonte temporal.

He aludido al PP y al PSOE deliberadamente por dos razones: en primer término porque son las dos minorías mayoritarias del Congreso de los Diputados. En segundo lugar porque como tales tienen una mayor responsabilidad, que proyecta hacia el futuro, la que los españoles les han confiado desde 1982 en que los socialistas asumieron por primera vez el poder ejecutivo en el régimen de 1978.

Si un régimen parlamentario se traduce en un sistema de partidos, los partidos del que en 1978 nació de la aplicación del vigente ordenamiento constitucional han sido el PSOE y el PP.

Pues bien, ahora, la decisión de muchos ciudadanos que han optado por nuevas ofertas políticas y la proporcionalidad de nuestro sistema electoral han propiciado que otras fuerzas hayan accedido a los escaños de la cámara de diputados de forma significativa. Y ese acontecimiento, si se atiende a la responsabilidad que sin duda tienen, obliga tanto al PSOE como a PP a encarar un nuevo modo de relacionarse para servir a los intereses generales.

No valen excusas, ni deben importar las personas. no es cuestión de personalismos. Incluso debe considerarse si es menester la posibilidad de un candidato ajeno a ambas formaciones políticas.

Muchos esperamos lo que España necesita hoy. Un Gobierno fuerte y sólido. De amplio espectro para que pueda ser apoyado por un amplia mayoría. Creo que a eso debe conducir una valoración sosegada de los comicios del pasado 20 de diciembre.

Es más, si no hubiera consenso para una gran coalición a la que puedan adherirse las restantes fuerzas con arreglo a su criterio, antes que difíciles composiciones basadas en afinidades ideológicas de izquierda o conservadoras, debería explorarse un gobierno de concentración al que se incorporaran el mayor número de formaciones.

No puede ser el tiempo de Podemos y su visión liquidadora del status quo, por una sencilla razón. Porque los electores solo les han votado en proporción relevante pero moderada, que han supuesto para esa formación en todas sus versiones, que no parecen garantizar una razonable unidad de acción, 69 diputados. Pocos, insuficientes, para que se pueda sostener que sus propuestas han obtenido el apoyo de la mayoría. En lo substancial, más bien parece que en contra de sus postulados más enfáticos y trasversales hay una muy solida mayoría de 253 diputados, los de PP,PSOE y Ciudadanos, que representan a amplios sectores de la ciudadanía, mucho más numerosos que los que han apostado por las tesis y postulados de Podemos.

Confiemos en que todo discurra bien y que cuanto antes se forme un Gobierno que pueda afrontar con éxito los desafíos de esta hora.
Entiendo que es uno de los primeros augurios favorables para este año en el que, les deseo, amigos lectores de El Progreso y de Diario de Pontevedra, las más abundantes venturas y alegrías.

Seamos optimistas
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