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Potestad sin responsabilidad

Eso es lo que se percibe en las cercanías ferroviarias de Cataluña en las que el pasado día 11 de mayo, y también el próximo día 25, un nuevo y pintoresco movimiento independentista de los que impulsan siempre los mismos un día sí y otro también, bautizado como ‘Batec’ que lideran conocidos activistas como un tal Salellas y María Antonia Dols , ha impulsado una acción denominada huelga de pago, esto es entrar sin cancelar en los controles de acceso, y para facilitarla, han precintado unos cuantos de dichos dispositivos para que se secundara su iniciativa, que según Renfe, que es allí también la operadora de las cercanías, ha sido escasa, probablemente, o en alguna medida, pienso yo, porque la mayoría de los usuarios que viajan en la hora en que promovieron su huelga, tiene tarjeta de trasporte y por tanto, no está en su mano dejar de pagar el viaje.

La motivación expresada por la portavoz ha sido elocuente: "el verdadero fraude es que el Estado español no pague la inversión de Renfe. Ya hemos pagado su billete durante mucho tiempo con las respectivas averías y retrasos. No es una huelga contra Renfe, sino contra el Estado español, que es quien no paga".

El 1 de enero de 2010, el ministerio de Fomento traspasó a la Generalitat los servicios de las cercanías ferroviarias, y por tanto, según los términos de ese traspaso, el gobierno de la Generalidad asumió la gestión de los trenes (horarios, frecuencia de paso, tarifas e información a los usuarios) y del personal.

La titularidad de la infraestructura, sin embargo, sigue en manos de Adif, que por tanto tiene allí también el cometido de la construcción y mejora de líneas de ferrocarril. Renfe se ha mantenido, sin duda porque la Generalidad lo ha aceptado de mejor o peor grado, como la empresa que operaba el servicio.

La aportación de la Generalidad, la que he constatado en mis viajes a Cataluña, ha sido: el cambio del color de los trenes, de la señalización e información con predominio del catalán y de la información acústica en los trenes que es también en catalán. No he podido percibir ninguna consecuencia más, por ejemplo en las tarifas o en los horarios, que no se han modificado, al menos en términos significativos.

Ellos sabrán, eso es la política, si en las condiciones finalmente convenidas era bueno o no aceptar la trasferencia.

Lo que no puede ser es que el titular del servicio, que es la Generalidad, que ostenta potestades públicas en él, se posicione en relación con la ilegal y perturbadora iniciativa de la tal Batec en los términos en que lo han hecho sus dirigentes, pues el vicepresidente y responsable de la cartera de Territorio, Jordi Puigneró, apoyó ayer abiertamente la acción del colectivo Batec y dijo ‘empatizar’ —ahora la política es empatizar, ya se sabe— con los usuarios de Renfe que sufren retrasos casi a diario y aprovechando el desorden, fijó como límite el próximo mes de agosto para conseguir que el Estado haga efectivo «el traspaso integral de Cercanías». Y también la portavoz del ejecutivo, Patrícia Plaja, dijo entender y compartir la indignación de los convocantes.

En fin, lo de siempre, pretender estar en misa y repicando, especialidad de los dirigentes independentistas que están en el gobierno autónomo. Cansan, fatigan e indignan posturas como las que relato. Y confirma que para algunos la potestad no entraña responsabilidad. Ellos protagonizan los éxitos, y Madrid es culpable por antonomasia de cuanto no funcione bien. ¿Hasta cuándo?

Potestad sin responsabilidad
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