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Patrimonios de los políticos

LEO QUE en su declaración de bienes una de las Concejales del Ayuntamiento de Madrid electa por primera vez el pasado mayo, portavoz además de su grupo político, declara que el saldo de su cuenta corriente bancaria asciende cien (100) euros.

Decir que es un dato ridículo es poco. Es cómico además. Lo es porque es casi imposible que el saldo de una cuenta corriente en la que se ingresa una nómina de varios miles de euros arroje con verdad el saldo de cien euros. Estos ciudadanos electos al parecer, no se han enterado de que hay una cosa que se llama ‘saldo medio’ que sirve para establecer el saldo real de una cuenta en un periodo, y que refleja mejor que el puntual que pueda tener un día, la realidad de la misma.

Es una obsesión de los políticos de los últimos años trasmitir la idea de que carecen de patrimonio, es más, casi todos pretenden abrumarnos con los importes abultados de los saldos por amortizar de sus préstamos hipotecarios.

Esperpéntico. Valga por todos el caso de Javier Arenas que cuando toca se jacta, o lo hacía hasta no hace mucho, con su expresivo énfasis, de lo que debe o debía de hipoteca, empleando además ese término que es además de uso popular. La gente no dice tener préstamos, lo que tienen, sino hipotecas, que es la garantía del préstamo. Pues bien, el colega Arenas exigió hace algunos años que el Presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves entonces, hiciera pública su declaración de la renta, no se si porque intuía que era muy cuantiosa, o por probar fortuna. Y éste accedió a ello, después de no pocos rifirrafes, con la condición de que el de Olvera (Arenas es oriundo de dicha localidad gaditana) exhibiera también la suya. Final: los ingresos declarados por Arenas superaban a los de Chaves, y con la cuantía de los mismos su ‘hipoteca’ no debiera causarle demasiada preocupación.

Un poco de armonía con la verdad en tiempo electoral también en esto de la fortuna de los candidatos, no vendría mal

Pues bien, entiendo que estamos ante actitudes infantiles de quienes protagonizan la carrera de conseguir que sus patrimonios reales sean opacos, no lo duden, la mayoría tiene unas finanzas bastante saneadas. E incluyo a los emergentes, incluso a los de Podemos y a los de Izquierda Unida.

Recuerdo que un Diputado de esta formación, Antonio Romero que tenía acta por Málaga al igual que el mediático Alberto Garzón —al que le ha fallado la maniobra para hacerse con Podemos o le ha faltado envergadura política, creo que esto último, para eclipsar a Iglesias— siempre elogiaba lo bien que se comía en la pensión en la que residía durante sus días de estancia en Madrid. En la cocina. Aseguraba comer en la cocina. E intenté, me hice pesado con la cosa incluso, que me convidara a compartir con él la gastronomía casera de la que disfrutaba. Y hasta hoy. Vayan a saber, igual el importe de otra comida de la pensión
no podía ser soportado por el saldo de su cuenta corriente. En fin, dejemoslo ahí. Eso sí, con mi recuerdo más amable para el simpático y bullicioso Antonio Romero.

Bueno la media de los recursos de los políticos de primera fila no suele llegar, segun recogen sus declaraciones de bienes, o sobrepasa en poco, los cien mil euros. Diez y seis millones de pesetas. En 2015 en el que ya no se puede salir tranquilo si no se lleva una tarjeta de crédito en el bolsillo con menos de cien euros. Bueno, salvo a andar, mirar y pensar.

Si alguien cree que ello certifica la honradez yerra. Tampoco es un hecho que proporcione credibilidad y solvencia. Porque claro, la gente a una edad, tiene que ser solvente, también económicamente, si quiere tener credito social, y en fin credibilidad (Admito la excepción, pero como lo que es, como lo que confirma la regla) Y tanto sujeto y sujeta sin saldo, pero pretendiendo la confianza de los electores, que quieren que les
diga, me voy a quedar ahí.

Solo una cosa más. Hay mucho elemento y elementa en el ámbito de lo público, con inventiva creativa para iluminar sus parcos curricula. Pero todos, los que lo tienen y los que carecen de él, compiten en conseguir una imagen de escasa fortuna económica. Unos y otros deben pensar que los ciudadanos somos tontos. O a lo peor, es que lo somos. Bueno, unos más que otros. Como en todo. En la finanzas, también, por supuesto. Conclusión: "Concordia cum veritate". Un poco de armonía con la verdad en tiempo electoral también en esto de la fortuna de los candidatos, no vendría mal.

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