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Opinión activista

ESTE VIERNES el catedrático de Ciencia Política Ferrán Requejo, habitual colaborador de La Vanguardia de Barcelona, se despachaba en las páginas de dicho rotativo, con pretendida autoridad profesoral, para, es mi impresión, dicho llanamente, sembrar dudas sobre la independencia y la imparcialidad de la Sala Penal del Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y la Fiscalía General del Estado, sumando a esos órganos al Tribunal Constitucional y al Consejo General del Poder Judicial, a los que también considera actores de lo que denomina “degradación judicial del Estado de derecho, pero no de cualquiera, sino del español. No se sabe por cierto cuál es el comodín ni cuales las cartas iguales, para justificar la expresión ‘repóquer’ con la que titula el texto que suscribe. Lo leí, y además me ha llegado procedente de varios activistas del nacionalismo.

El motivo que late o se percibe como razón de su diatriba, que es el calificativo que mejor cuadra a su tribuna de opinión, aunque alude a otras, no parece ser sino la actividad desplegada por la Fiscalía y por el Tribunal Constitucional y los actos jurisdiccionales del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional, adoptados con motivo de lo que en Cataluña ha tenido lugar y, no nos engañemos, sigue sucediendo.

Alude el ‘profesor’ de la Pompeu Fabra, a "claras vulneraciones del criterio de imparcialidad de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional: invención de delitos –rebelión, terrorismo…uso autoritario de la prisión preventiva, vista gorda ante agresiones de la extrema derecha…etcétera..." No podía faltar, y no pierde la ocasión de afirmar, gratuitamente a mí juicio, que "el poder judicial español muestra continuismo con la dictadura franquista". "No se efectuó —sostiene— ninguna reforma profunda del poder judicial ni durante la transición ni en décadas posteriores….."

Hay que meditar acerca de la reforma del poder judicial que al parecer echa en falta el Señor Requejo. Lo cierto es que durante algunos años, gobernando Felipe González, se adelantó la edad de jubilación de los jueces y Magistrados, algunos, malpensados como puede que sea él, entendieron que para apartar cuanto antes del ejercicio de la jurisdicción a jurisdiscentes reclutados durante el franquismo. Y puede ser que no fuera esa la causa del adelanto de la edad de jubilación que también se estableció para la función pública, pero así lo valoran ahora por ejemplo, los jueces polacos, y la Unión Europea que va a investigar lo sucedido con la norma legal que adelanta la jubilación de los magistrados de aquel país, que la misma Presidenta de su Tribunal Supremo del , se resiste a acatar.

Puede que la reforma que echa en falta el Dr. Requejo sea la venezolana. La que impulsó el ciudadano Hugo Chaves Frías, que en horas 24 relevó a la Corte Suprema de la República, para reformarla, seguro diría él y pensaran por aquí podemitas propios, mareantes y acompañantes.

Es curioso. Emite juicios pero los razona poco. No estaría mal un análisis de este docente acerca del delito de rebelión, no sé si mejor del tipificado en el código penal, o del según él inventado por el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional y la Fiscalía. Y hubiera sido más que interesante. mi opinión es que los que cultivan la ciencia política, aun en su vertiente jurídica, son más sociólogos que juristas, de manera que el esfuerzo hubiera supuesto una verdadera ‘aportación’ que podría poner de relieve, o no, el alcance de la supuesta ‘invención’.

Y no estaría mal que alguno de estos opinadores hiciera el esfuerzo de analizar jurídicamente, no valen para ello argumentos jurídicos del tipo "cumplir el mandato del 1 de octubre o de los votantes o cosas parecidas" los actos protagonizados por el Gobierno de la Generalidad y la Mesa del Parlamento de Cataluña tendentes a quebrar la soberanía nacional, y por vías de hechos, intentar alumbrar una nueva legitimidad violando la Constitución y las leyes y pretendiendo imponer el nuevo ‘orden’ a la mayoría que nunca lo aceptó. No estaría mal. En tanto lo hacen, reservamos el esfuerzo, que hay que decirlo lleva a cabo con prudente criterio y sin maximalismo ni invención alguna el Auto de la Sala de Recursos de la Sala Penal del Tribunal Supremo de 26 de junio pasado, que resuelve los recursos contra el auto del procesamiento del expresidente Puigdemont y demás justiciables.

No se puede pretender que por más tiempo leamos y escuchemos con estulta actitud, tesis en alguna medida ofensivas, aunque su finalidad sea justificar un relato. No se lleva razón porque se quiere llevar. Eso es incompatible hasta con el sentido común.

Y, al tiempo, sería conveniente, que el Sr. Ferran Requejo autor del texto comentado, tuviera presente la para mí más sabia máxima de Seneca: "Sapientia sola libertas est". Es decir: la sabiduría es la única libertad. 

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