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Moción de censura

NO HE gozado nunca de la estima personal de Mariano Rajoy. Al menos nunca lo percibí. Ni durante los lustros en los que coincidimos en la vida pública, ni desde luego después.

En mi apreciación, él sabrá por qué, pues mi actitud hacia su persona siempre fue, es y será deferente, y entiendo que positiva. No en vano voté a su favor en la junta directiva nacional del Partido Popular, ratificando la propuesta de José María Aznar para ocupar la presidencia del partido, y mi voto no ha sido nunca, en cuestiones relevantes, expresado con fundamentos de oportunidad o por seguidismo.

Debo decirlo porque siempre alguien puede pensar que tal hecho puede empañar mi objetividad. Si así sucediera sería algo que escaparía a mi autocontrol. Creo que es bueno que lo exprese, pues nada me disgustaría más que escribir en las páginas de este ilustre grupo editorial de El Progreso que tan generosamente me acoge al dictado de impulsos apasionados y faltos de imparcialidad.

La moción de censura es legal si la suscriben 35 diputados del Congreso. Y no hay más que hablar. Es así, porque así lo determina el ordenamiento jurídico.

Ahora bien, nuestro régimen parlamentario articula una moción de censura constructiva, lo que dificulta la prosperabilidad de la misma, y requiere un programa y un candidato.

La que se resolvió el viernes con la retirada de la confianza a Mariano Rajoy no tenía programa. ¿Cómo va a serlo el que se plasma en el presupuesto del gobierno que se derriba que se dice se va a aceptar? Y además, creo, lo creo firmemente, que no ha tenido el punto de apoyo de tantas posiciones políticamente heterogéneas como lo han apoyado en la confianza en el candidato propuesto, como en la voluntad concorde de derribar al gobierno.

O sea. Fuerza para derribar sí. Capacidad para alumbrar un programa y acuerdo activo de respaldar al candidato menos.

Y es ahí donde se aprecia que la moción es hija de impulsos negativos más que de razones positivas.

Esperemos que el señor. Sánchez no prorrogue el presupuesto del gobierno del PP que va a ejecutar este ejercicio para poder agotar la legislatura, que entiendo que es lo que intentará, entiéndase bien, agotar la legislatura. Sería de traca la cosa si así fuera.

Y una apreciación personal que motiva la introducción. En mi opinión el señor Rajoy, debió dimitir en cuanto constató que habían sumado los censurantes votos suficientes para el éxito de la moción. El resultado estaba ya cantado. Solo quedaba entonces comprobar si lo que suma para derribar lo hace también para construir. Era interesante, y no lo podremos comprobar. Don Mariano sabrá por qué.

Conclusión: Primera censura de la democracia que ha alcanzado su objetivo. Máxima heterogeneidad política entre los que la han apoyado. Fuerte rechazo al partido gobernante y al presidente.

Reflexión: ¿Aprenderán nuestros líderes a gobernar en minoría? Algunos tendrán que tomar clases de formación acelerada. Y con el tiempo veremos como las aprovechan.

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