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Lo que dicen y lo que hacen

 

ESTOS DÍAS, con ocasión del Congreso extraordinario del Partido Popular, y de la elección en él de un nuevo dirigente, han salido a pasear casi todos los lugares comunes que constituyen el arsenal retórico, más bien pobre y algo miserable que saca a ventilar la izquierda política, la social es otra cosa, cuando no tiene nada mejor que decir. En Galicia el fenómeno se describe como "sacar la lengua a pacer".

Y es que, más allá de que en buena proporción, unos y otros, como recordarán que he escrito más de una vez, se diferencien más que por sus hechos, por las explicaciones que de ellos dan, o no dan, lo cierto es que nuestra opinión pública, en este tiempo está hipnotizada por alguno de los símbolos icónicos de la izquierda política.

Pero eso no debe acomplejar ni arrinconar al conservadurismo liberal, al contrario debe motivarle, debe ser un acicate y debe impulsarle a contraponer a una determinada manera de formular unos valores, otra manera de considerarlos, más inclusiva, ahora que todo debe serlo, más universal, más auténtica.

Detengámonos en lo que se refiere a la igualdad. Se les llena la boca a muchos de los predicadores de hogaño con lo de la igualdad, crean ministerios y consejerías y toda suerte de órganos enderezados a impulsarla, y suelen fracasar en lo fundamental, sencillamente porque la cosa no es como parece.

Lo que hay que combatir es la desigualdad, que semeja lo mismo, pero no lo es. La persecución de la igualdad no puede entrañar que se desincentive a los emprendedores, que se coarte el resultado positivo del esfuerzo y que en definitiva se premie la falta de iniciativa y se ponga en entredicho el valor del trabajo y el éxito como valor social y meta del mismo.

Es evidente que la lucha contra la desigualdad está en el programa del conservadurismo liberal, claro que sí, porque su acción política descansa en los valores del humanismo cristiano, y el cristianismo ha sido en la historia del mundo el adalid de la verdadera igualdad. Por supuesto eso no implica compartir la paparrucha igualitaria formulada por la izquierda política y aplaudida por los beneficiarios del invento.

En el fondo la forma en que encaran la igualdad las tesis izquierdosas no es otra cosa que una formulación marxista, que ya se sabe, con su visión totalitaria llena de excepciones a la masa de los desheredados y parias de la tierra. Basta mirar por el retrovisor y contemplar quienes disfrutaban de los bienes de consumo en la Rusia soviética, para comprobar que aquella retórica mala, poco tenía que ver con la realidad. Había mucho trecho entre los dichos y los hechos. Como ahora. Y por eso, ahora también es tiempo de poder recuperar la iniciativa social, porque si se puede como dicen algunos, siempre se puede, con el esfuerzo, con la objetividad y con un programa para la mayoría social que no se conforme con ser ‘gente’, que luche, que se esfuerce, que crea en que su futuro mejorará, y que eso es posible, se diluirá el nocivo discurso populista.

Naturalmente, sin perjuicio de cuidar a la vez desde los poderes públicos, de evitar que haya desigualdad injusta, asegurando la igualdad de oportunidades, que no es lo mismo que imponer un igualitarismo injusto; en fin recuperando la dimensión social de la igualdad y desenmascarando tantos elementos negativos como laten tras el discurso falsamente igualitarista.

Y así, será más fácil distinguir los hechos y los dichos de cada uno. No solo las explicaciones.

Lo que dicen y lo que hacen
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