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Libertad e igualdad

La jornada del 8 de marzo ha dado mucho de sí. Hasta ha abierto la espita para que con voluntarismo más o menos honesto, opinantes que solo aportan confusión, algo que debe ser una estrategia para dejar a los que les escuchan en ese mundo impreciso de ideas y conceptos que se hace inaprensible por difuso.

Hoy mismo he escuchado a uno de los más conspicuos tertulianos de un programa matutino de radio, quejarse de que se haya enfatizado por algún opinante la diferencia que existe entre libertad e igualdad, lo que el profiriente radiofónico entendía que escondía maldades, pues en su apreciación, la igualdad y la libertad eran algo no sé si similar o extrañamente complementario.

Pues no voy a explayarme mucho en lo que es mi opinión al respecto. Voy a centrarme en la Declaración universal de derechos humanos, que es de 1948. Han trascurrido pues casi 70 años desde que fue proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas.

Y su artículo primero dice que "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros".

En el artículo segundo se concreta, "toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición".

En el siguiente, en el tercero, se declara: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona". El precedente, la Declaración de los Derechos del hombre de 1789 sostenía similar afirmación, "los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos".

La libertad es un presupuesto de la igualdad, no se trata de que sea más relevante, es que solo puede ser igual el que es libre. El que no lo es, para que se entienda, está fuera de la circulación en una ideal esfera de los derechos.

No se entiende por qué a algunos sujetos les molesta lo que es obvio. No hace falta ser doctor en nada para entenderlo. El que no es libre no puede ser de ninguna manera ni lo que quiera ser, ni otra cosa alguna, pues se le priva de seguir su albedrio.

Así, la libertad es previa a la igualdad, y si no hay libertad no se puede hablar de igualdad.

Puede que el problema esté en que algunos sujetos viven en la historia, no en el momento presente, que es un tiempo de ella, pero solo un periodo, nuestro periodo.

Eso, que pretendan la intemporalidad, les permite manejar pasado, presente y futuro a su comodidad. Pero ya Aristóteles contrastaba la naturaleza fija del pasado con el carácter abierto del futuro. Nadie posee la capacidad de provocar un acontecimiento en el pasado, pero si pueden provocarlo en el futuro.

A mí me contraría que se analice el presente con la vista puesta en el pasado, y además, que se niegue o se desvaloricen los avances que se pueden constatar con solo mirar u observar la realidad sin prevención. No todo hecho social es político, aunque puede serlo. Pero no solo por la voluntad o conveniencia de quienes lo deseen.

La igualdad, además, solo puede ser considerara en lo que atañe a la dignidad y a los derechos; en otro caso uno de los puntales de la motivación y del esfuerzo del esfuerzo se desvanecería.

He escrito de libertad y de igualdad, y confío en haber dejado claro en estas breves líneas que la libertad es presupuesto y debe ser íntegra para todos los hombres y las mujeres. La igualdad, debe abarcar a la dignidad y a los derechos. La altura, la belleza, la fuerza, la elocuencia o la capacidad intelectual, nada tienen que ver con la igualdad. Pero altos y bajos bellos o no, elocuentes o sobrios, más o menos inteligentes, son, deben ser aquí sí plenamente, igualmente libres.

Libertad e igualdad
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