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Fábulas y conspiraciones

Ahora resulta que, según el nacionalismo rampante, la votación del dictamen de la Comisión del Estatuto del Diputado favorable a la concesión del suplicatorio deducido por el Tribunal Supremo para enjuiciar a Lura Borràs, portavoz de los parlamentarios del PDeCAT por supuestos delitos de prevaricación, fraude a la Administración, malversación y falsedad en su etapa al frente de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC) entre 2013 y 2017, como fue secreta, fue otro agravio, otra conspiración contra el independentismo.

La votación fue secreta y a puerta cerrada porque siempre ha sido así , no porque se tratara de un suplicatorio referente a la diputada Borràs.

Ya lo han dicho, y no es necesario que lo repitan. Ya no tienen mucho más que decir, no cabe más ni mayor ridículo. Ya han superado todas las barreras no de lo correcto, sino de los admisible, por prudente y tolerante que sea la disposición de quienes les oyen o les leen, si tienen aún paciencia para ello.

De muestra un botón. Torra se desahogó ayer con un tuit en el que escribió: "No es solo la historia, es ayer, es hoy y será mañana: ningún independentista tendrá nunca un juicio justo en España. Entre otros motivos, por eso somos independentistas, por el anhelo de una sociedad justa y respetuosa con los derechos fundamentales". Menos mal que nadie tendrá que sufrir su justicia. La pesadilla en que podría consistir sería fuente de una historia muy interesante.

Puestos a confundirlo todo, alguno de estos sujetos ha denunciado falta de transparencia. Estas gentes, ¿saben lo que son las garantías o es que disimulan? Si se los tomara uno en serio sería exasperante.

La acusación parece que tiene fundamento y el concurso delictivo del que puede terminar acusada la señora Borràs es significativo. Parece que su gestión al frente de la Institución de las Letras Catalanas fue todo menos transparente.

No quiere ser enjuiciada esta señora por el Tribunal Supremo. Rufián y los de la CUP, cuyos nombres voy a seguir ignorando, le aconsejaban que dimitiera para que su caso fuera en inhibición a la jurisdicción ordinaria al perder el fuero.

No creo que pueda la lideresa nacionalista sortear el juicio, y estimo que cuando se solicita por el Tribunal Supremo un suplicatorio como el que ha cursado, es que hay verdaderos y sólidos indicios delictivos. Lo que se ha contado y lo que ha narrado algún lenguaraz de su ámbito apunta en dirección nada conveniente para doña Laura Borràs.

Ellos siguen con su verborrea y afirman que el juicio del Tribunal Supremo no será justo. Hasta ahora pensábamos, inocentes e ingenuos nosotros, que el fuero es un privilegio procesal que constituye una garantía. Y no creo que proceda cambiar de opinión.

El Tribunal Supremo explicará bien en su sentencia, si por fin es enjuiciada esta mujer activista, lo que es la prevaricación, el fraude, la malversación y la falsedad. Hasta puede que les sirva de algo.

Alguna vez los que juzgan, con razón y sin ella, son juzgados. No lo llevan bien, y se revuelven contra todo. Lo que no se entiende bien es la relación que guarda la lucha independentista con el fraude y la malversación. Igual nos desvelan alguna página interesante del libro de la acción por la independencia y nos enteramos.

Seguro que doña Laura Borràs nos lo cuenta, oportunidad va a tener. Lo que parece es que después de esto no podrá suceder en la candidatura a la presidencia de la Generalitat —Puigdemont ya está descartado para siempre— al pintoresco Torra. Ahí está su problema, aunque fabulen con conspiraciones imaginarias si no delirantes. Ellos que no han dejado de conspirar desde el comienzo de la transición.

¡Cómo aburren!

Fábulas y conspiraciones
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