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Disputa entre una marquesa y un activista

LO DE LA marquesa lo tengo más claro. Cayetana Álvarez de Toledo Peralta- Ramos, diputada por Barcelona y portavoz del grupo parlamentario popular del Congreso —la presidenta del Congreso, señora Batet, siempre le da la palabra nombrándola con todos sus apellidos y con cierto retintín plebeyo— es XIII Marquesa de Casa Fuerte, título concedido por Felipe V en 1709 a Juan de Acuña Bejarano, que fue capitán general y virrey de Aragón.

Lo del señor Iglesias Turrión lo veo más difuso, en parte porque su personalidad pública, al menos tal como externamente cabe apreciarla, ha ido trasformándose, y también, porque no se es lo que se pretende, de tal suerte que lo dejo en activista que quiere ser trasgresor siempre, y que añora a los comunistas según hace patente siempre que puede. En la Rusia de 1917 hubiera desempañado con vistosidad el papel de bolchevique, pero esas sopas ya pasaron y no se pueden cocinar ahora.

Lo del título nobiliario y su empleo en el ámbito de la función que se desempeña es ya un hábito más que superado. Pensando un poco, recuerdo a Manuel Taboada Roca, que en las sentencias de las que fue ponente como magistrado del Tribunal Supremo, hacía figurar, y así puede verse en la colección legislativa, su condición de conde de Borrajeiros.

La cosa ha ido a menos incluso en lo que a los títulos profesionales respecta. Aún guardo memoria de la resistencia de los compañeros de Sala de una magistrada del orden social que hoy está en el Tribunal Supremo, gran persona y buena amiga, respecto a que al mencionarla en sus ponencias se hiciera constar su condición de especialista, cuando la especialidad social acababa de establecerse. Hubo recursos al respecto.

Si la señora Batet no intervino es que no creyó que afectara al decoro de nadie, y entonces no está justificada la exclusión del diario de sesiones de las palabras de Cayetana Álvarez de Toledo

Lo sucedido en el pleno del Congreso del pasado miércoles se habría desarrollado de otra manera si la señora Batet, tan activa cuando quiere, como se le nota —a lo mejor es que como la conozco bien la interpreto de otra manera—, hubiese manejado mejor el reglamento habiendo estudiado leyes y siendo diputada ya hace media docena de legislaturas, si hubiera sin más observado el art.103 del reglamento, que preceptúa que los diputados y los oradores serán llamados al orden, entre otras casos, "cuando profirieren palabras o vertieren conceptos ofensivos al decoro de la Cámara o de sus miembros, de las Instituciones del Estado o de cualquiera otra persona o entidad". Si invitó al final a la señora Álvarez de Toledo a retirar la afirmación de que el señor Iglesias es hijo de un terrorista, y decidió excluirla del diario de sesiones, sorprende que nada dijera al ser proferida. Y si no intervino es que no creyó que afectara al decoro de nadie, y entonces no está justificada la exclusión.

También pudo —y probablemente debió— llamar a la cortesía parlamentaria al señor Iglesias, cuando este se daba un baño de mala y torpe ironía dirigiéndose una y otra vez a la diputada, lo hace siempre, como señora marquesa.

Nada de esto refuerza los argumentos de nadie y es solo retórica hueca que gusta mucho a los que lo palmean o critican, también a los que lo critican, pero que de nada sirve. Todo es retórica estéril y de poca entidad, mala retórica por tanto. Y desde luego nada atañe al interés general, estos días conmovido por tantas razones.

Y un epílogo: acaso los consejos que el doctor Iglesias anunciaba que iba a dar a su "señor padre" no sean buenos, pues poco recorrido podrá tener la denuncia que el progenitor del vicepresidente 2º del Ejecutivo pueda deducir, sencillamente porque don Pablo en medio de la pasión, seguro que lo sabe o lo supo, olvidó que en la tribuna del Congreso los señores y señoras diputados gozan de inviolabilidad en relación con las opiniones y palabras que viertan, siendo la inviolabilidad un privilegio que garantiza la irresponsabilidad por lo dicho en los actos parlamentarios para asegurar su libertad. Un invento liberal, pero ahí está.

Disputa entre una marquesa y un activista
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