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Dignidad

 

COMO SOY pensionista creo que puedo, con toda libertad, terciar en el debate que acerca de las pensiones y su ‘dignidad’, tiene lugar en estas horas.

La honestidad en su acepción de cualidad de honesto, y este último término en la de probo, recto o honrado, que algún parentesco guarda con la dignidad, en el trance de valorar la cuantía de las pensiones, ciertamente muy escasa en una parte de ellas, demanda que reparemos en algunos datos.

La pensión media ha sido en España en el ejercicio de 2017 en España de 16. 982 euros brutos al año. Esto es superior que nada menos que un 40% de los salarios. Y los pensionistas, los perceptores de pensiones, son ya más de 9.6 millones.

La media de las pensiones. no puede obedecer al impacto del importe de las pensiones máximas, y de aquellas a las que se aplica el tope de percepción, que son la mayoría de las máximas, porque estas no superan en mucho las cien mil, que han de promediarse con nueve millones seiscientas mil. De modo que no se puede sostener que la media del importe de las pensiones no sea una cifra a la que se parece una significativa parte de ellas.

De modo que el cuarenta por ciento de los que trabajan y desarrollan su actividad, son retribuidos con un salario inferior a la pensión media, que superó los novecientos euros al mes en 2017.

La cuestión tiene mucho calado. Porque salarios tan modestos no pueden sustentar pensiones mayores, ahí está el quid del asunto, y por tanto, no parece que sea cuestión de dignidad, sino de capacidad del sistema. Y eso, no hay que dudarlo no depende ni de la voluntad del señor Rajoy, ni de la alternativa del Señor Sánchez, ni de la creatividad nueva del Señor Rivera ni de la falsa taumaturgia del Señor Iglesias, no lo duden, ni podría aumentar ni subiría las pensiones, con o sin acompañamiento de Mareas altas o bajas.

Y un matiz: de las acepciones de dignidad ninguna es aplicable a las pensiones. Solo indirectamente es útil para ello la cualidad de digno, y ejemplos señala el diccionario del uso del adjetivo apuntando los de "salario digno" y "vivienda digna", en la 5ª de las acepciones que refiere así: "Dicho de una cosa: Que puede aceptarse o usarse sin desdoro".

Francamente, las pensiones, incluso las de menor importe, podrán ser escasas, pero vaya si pueden aceptarse sin desdoro. De lo dicho la conclusión de que los creadores y los que idean los eslóganes reivindicativos, que, no lo duden, disfrutan de rendimientos en sus empresas o de salarios seguro que bastante notables, es conveniente que se estrujen un poco el magín, porque la dignidad no tiene nada que ver con las pensiones, al menos en nuestra lengua común. En gallego tampoco. "Seriedade, decoro e nobreza na maneira de ser e de comportarse" es la definición que da el diccionario la Real Academia Galega.

La dignidad puede predicarse de las conductas, recuerdo la expresión latina "dignitas in laborare est" —la dignidad está en el trabajo— o de la gravedad y el decoro de las conductas mismas; o sirve como sinónimo de excelencia o realce, pero no alcanzo a entender a que se quieren referir los que reclaman la mejora de las pensiones, aspiración razonable, licita, legitima y comprensible, con adjetivo tan poco apropiado para aludir a la cuantía de las prestaciones de jubilación etc.

Hay que tener cuidado con las palabras, para que se sepa lo que decimos, lo que reclamamos, lo que pretendemos, lo que alabamos o lo que reclamamos.

Así, supongo, una asociación Suiza llamada "Dignitas" que asiste y ayuda a morir, pues en ese país no están castigadas todas las manifestaciones de la eutanasia, acaso hubiera buscado otro nombre.

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