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Asumir la historia

LA HISTORIA es lo que pasa todos los días, por eso es el presente. Para el futuro tenemos deseos, y en lo que concierne al pasado, su objeto genuino, lo escrito, escrito está, como el evangelio de Juan narra que contestó Pilatos a Caifás, al demandarle este que se cambiara el cartel que se había puesto en la cruz que proclamaba que el crucificado era el rey de los judíos. En todo caso así debería ser.

La historia que nos concierne como sociedad, lo han escrito muchos, yo lo pienso y lo digo también, hay que asumirla en su totalidad; no podemos aceptar solo la parte que nos gusta de ella. Desde Don Pelayo hasta hoy, para los españoles todo lo sucedido es nuestra historia; el franquismo también, aunque hoy se ensimismen y emocionen muchos recordando la II República, que duró 8 años, tres de ellos en guerra, cuando el tiempo histórico del general Franco fue de cuatro decenios, en los que es obvio que no solo hubo represión y suspensión de libertades. Siendo esto importante, el espejo de los 40 años franquistas nos devuelve otras muchas imágenes que corresponden a la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres y aun a años de la de bastantes de los que todavía estamos aquí, que, en la mayoría de los casos, nada tienen que ver con el desaliento, la persecución o el miedo.

En lo que a la República se refiere hay que decirlo, no todo fue alabanza. Protagonista tan principal del periodo como fue su presidente, que también encabezó el Gobierno provisional, Niceto Alcalá Zamora, dejó formulado respecto de ella un severo juicio: "Han hecho de la República más que una sociedad abierta a la adhesión de todos los españoles una sociedad estrecha, con número limitado de accionistas y hasta con bonos de privilegio de fundador".

Quitar derechos fundamentales a los cristianos y perseguir a la Iglesia, escribió, era planear una "Constitución para una guerra civil".

Pero hoy quiero referirme, porque ha llamado mi atención, a lo que con motivo del segundo centenario de la muerte de Napoleón dijo esta semana el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron, en la sede del Instituto de Francia, antes de hacer una ofrenda floral en los Inválidos en el panteón de Bonaparte: Francia debe asumir toda la herencia del personaje, afirmó, la mejor y la peor, "sin negar ni renegar", porque sin su enorme influencia histórica ni el país ni sus ciudadanos serían lo que son. "Napoleón Bonaparte es una parte de nosotros", repitió varias veces Macron. Visiten nuestro solitario panteón de hombres ilustres de Atocha y entenderán el mensaje.

El presidente francés quiso protagonizar "una conmemoración clarividente", reverso sin duda de la "conmemoración exaltada " de 1840, cuando los restos de Napoleón fueron trasladados a París desde la remota isla de Santa Elena, donde el emperador había muerto, después de un largo cautiverio, el 5 de mayo de 1821, según parece acreditado, asesinado. Recordemos también cómo Dumas se refiere a los bonapartistas y a su persecución en la novela ‘El conde de Montecristo’. La trama descansa precisamente en las tensiones que por su causa vivió el país vecino, pues Edmundo Dantés es conducido sin juicio al presidio del castillo de If, para ocultar la lealtad al emperador caído del padre del procurador del rey Gerard de Villefort.

El jefe del Estado francés no eludió críticas a los muchos aspectos tenebrosos de los años de Napoleón en el poder, como la reintroducción de la esclavitud, que había sido abolida por la Revolución Francesa en las colonias. Este hecho, según Macron, fue "una traición al espíritu de la Ilustración". Tuvo por fin el detalle de evocar la pintura de los fusilamientos del 2 de mayo de 1808 en Madrid de Francisco de Goya, que calificó de cruel masacre.

Se refirió también a su enorme legado sobre la reforma de la Administración y a la promulgación los códigos civil y penal que impulsó. El propio Napoleón era consciente de la importancia del hito histórico que ello supuso, pues dijo en sus días postreros que no sería recordado por sus victorias militares sino por el Código Civil.

El presidente francés, dirigiéndose a estudiantes de secundaria presentes en el acto, los invitó y animó a conocer la historia de Francia, ya sea para amarla o para criticar sus episodios oscuros. "Lo asumimos todo", enfatizó.

Y lo mismo se puede decir entre nosotros. Es tiempo de que asumamos nuestra historia como fue, que la conozcamos como en realidad tuvo lugar, sin versiones sectarias ni edulcoradas, con sus luces y sombras, sin reescribirla, sin retorcer la verdad. Fue la que fue y, sin duda, lo que sucedió en los distintos momentos históricos obedeció a causas concurrentes en cada momento, que no pueden enjuiciarse con la óptica de hoy.

Pero lo importante es que la conozcamos y la asumamos íntegramente. Es nuestra historia.

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