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Aniversario de la Legión

EL PASADO sábado se celebró el centenario de la Legión, que creada como Tercio de Extranjeros por Real Decreto de 28 de enero de 1920 tuvo el 20 de septiembre de aquel año su primera incorporación.

En mi estimación, y en la de muchos, ese cuerpo militar que integra hoy la Brigada Rey Alfonso XIII, los Tercios Gran Capitán y Duque de Alba y otras unidades, constituye un verdadero paradigma militar.

Define a la Legión española un espíritu singular plasmado en el credo legionario del que, siendo todos sus principios verdaderamente expresivos del carácter de esta milicia excepcional, cabe destacar de entre los doce que lo componen el relativo al espíritu de disciplina que reza "Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir".

Y entiendo que hay que detenerse en ese artículo del credo legionario porque siendo patente que, como los demás que lo componen, no enuncia un mero propósito ni un lema, es el que concreta la esencia, el pilar, la idea fuerza constitutiva de la Legión. Los legionarios a lo largo de la centuria que se conmemora, han acreditado, en tantas y tan esforzadas acciones recogidas en las páginas en las que ha quedado reflejada su historia, que ese concepto de la disciplina es la piedra angular en la que descansa su fortaleza, y que lo observan hasta sus últimas consecuencias.

En tiempos en los que las virtudes militares y en particular la disciplina son miradas por muchos con desdén, porque piensan que afectan a la libertad, aún destaca más y hay que valorar más el tesoro que para la milicia entraña la disciplina.

La disciplina multiplica la fuerza de quienes la observan. de tal suerte que es siempre en la lucha la mejor aliada, y su ausencia debilita cualquier organización por muchos que sean sus medios y recursos.

Dando cumplimiento a los artículos de su credo, la Legión como unidad de elite de nuestro Ejército ha protagonizado, al servicio de los españoles, episodios que reclaman que sean subrayadas en este centenario su abnegación y su entrega en el cumplimiento, con un celo exigente, de las misiones que le han sido encomendadas.

Cuesta hoy hablar del honor, porque se ha relativizado tanto su concepto que parece que solo puede aludirse a él eufemísticamente. Pero no es así. El cumplimiento del servicio con exactitud es algo honorable, y el trascurso de los siglos no vaciará el sentido del “dulce et decorum est pro patria mori” (Dulce y honorable es morir por la patria) sintetizado por Horacio y presente y vigente en el devenir de las veinte centurias que han seguido al tiempo en que lo escribió. Vigente si, en las circunstancias en las que la vida social ha concretado en cada época el significado y el alcance verdadero de ese texto, y por tanto también hoy.

En todo caso siempre habrá momentos en que sea menester defender la libertad, esa facultad a la que el ser humano no puede renunciar más que por su voluntad, haciendo uso precisamente de ella. Los ejércitos, y por tanto la Legión, tienen en la actualidad la misión de defender la libertad de sus ciudadanos, presupuesto de la paz, la principal razón de su existencia.

En las tareas de pacificación tampoco nadie ha tomado ventaja a la Legión que formó parte de los primeros contingentes que España envió a diversas misiones internacionales, dejando en lugar muy alto el pabellón de nuestras Fuerzas Armadas.

Han sido cien años en los que los miles de legionarios muertos en acto de servicio en cumplimiento del deber han dejado para la posteridad, de ese modo inapelable, imágenes de cómo se pone en práctica lo que reza su credo. Incluso si el coste es la propia vida. Y no solo en el pasado.

Qué privilegio para una sociedad contar con hombres y mujeres como ellos.

Y para mí, que honra que me acogieran hace ya un cuarto de siglo a título honorífico.

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