Opinión

Vuelva usted mañana

Tengo la sana costumbre de vivir en Portomarín, en donde el agradable clima, excelsa gastronomía (por muchas arcadas que le dé al ministro de consumo) y el sosegado estilo de vida, ha hecho de los habitantes de esta villa felices longevos y longevas, que dicen ahora los progresistas.

En ellos quiero reparar hoy; no en los progresistas, por supuesto, sino en nuestros mayores.

Cada día hay ancianos que sufren un verdadero "clavario" —que decía Paco Martínez Soria— en la relación con su banco. Ahora la llaman transformación digital de la banca ¡Ole! Yo lo llamo deshumanizado servicio a nuestros mayores, que se ven incapaces de entender un jeroglífico mezcla de chino y árabe cuando toca consultar el saldo —¡qué saldo! dirán con razón algunos— realizar transferencias o cuando se encuentran atascados, víctimas de un cajero o intentando resolver un problema sanitario, con la seguridad social —esa é outra, que di o conto— o con cualquier servicio esencial, mientras una máquina se dedica dar sobresaltos e intriga, en tanto el abuelo de turno, toca teclas al azar, no pocas veces de forma aleatoria, dando palos de ciego en la infernal máquina hasta que resuelve la ecuación para luego desvanecerse en el horizonte como un vaquero solitario hasta que le toque regresar a ese dispensador de dinero que acaba por convertirse en pesadilla; sin olvidarnos, que es más  difícil encontrar un cajero de tu entidad, para esquivar las comisiones, que encontrarse a Belén Esteban recitando a Rosalía de Castro.

Aquel diligente empleado sabedor de los desvelos que provoca el dinero, ha desaparecido con las oficinas, y los trabajadores cambian más de sucursales que las coristas de la Orquesta Panorama de vestido en una fiesta de verano. Como consecuencia, los usuarios no conocen más plantilla en los bancos que la de las suelas de los zapatos que se han calzado esa mañana, con la desconfianza lógica que eso genera en nuestros mayores. El colofón al desvarío, llega cuando cualquier operación en caja ha de hacerse antes de las 11 y sino… vuelva usted mañana.

Aquella banca, que no hace mucho regalaba adorables cerditos rosas —esos que seguro tampoco gustan a Garzón— vajillas y peluches de todo pelaje, ha olvidado a quienes pusieron el pecho con sus pensiones cuando la crisis financiera devoró nuestro estado de bienestar. Héroes en estado puro.

Esos mayores a los que les han eliminado servicios —¡para ahorrar!— los crujen de manera vergonzosa a "comisiones". Ellos que se privaron de muchas cosas, que trabajaron hasta deslomarse para cobrar una pensión muchas veces indecente y finalmente vivir solos. A ellos que les debemos todo cuanto somos, que hicieron siempre lo que les recomendaron —a veces contra sus propios intereses, léanse "las preferentes"— que pagaron impuestos, tasas y tarjetas que no han utilizado nunca, que pusieron en manos de desconocidos recibos y nóminas, que se comieron guerra civil, monarquía, república y dictadura, que tuvieron más tomates en los calcetines que en la nevera, ellos nos eligieron a nosotros los políticos para mejorar sus vidas. Por tanto, este gobierno progresista es directamente responsable por no legislar, permitiendo con su política que se pongan a la cola a personas  de toda edad y limitación, para sacar cuatro perras de un cajero soportando esperas bajo el sol, el frío o la lluvia para acabar finalmente para su desgracia y la nuestra como sociedad, humillados. 

En esta España nuestra con una población que gana longevidad, este gobierno de sectarismo adolescente, tiene la obligación de legislar para que la Tercera Edad sea atendida con dedicación y celo.

Que venga el presidente del gobierno a la Galicia rural con esa estúpida letanía, por su falta de compromiso: "no podemos dejar a nadie atrás" a hablarles a nuestros paisanos del DNI electrónico, de Alexa, de Siri, del bizum ou pagar o pulpo nas feiras acercando el móvil al aparatuco. No hay justificación económica ni razón política alguna que justifique dejar de atender sus urgentes necesidades, porque el cuidado de las personas es siempre lo primero.

Hablando de justificación económica…muchos ceros a la derecha para tanto cero en la izquierda que nos manda.

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