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Vázquez, adalid de la victoria y espejo de virtudes cívicas

Con el coraje de quien solo se debe a sí mismo y la convicción de quien cree en el valor de sus ideas, Fernando Vázquez, entrenador del Deportivo desde hace nada, ha tenido dos actuaciones sobresalientes. La más conocida, también la más difícil, sacar al Deportivo de la Uci donde lo habían casi desahuciado un conjunto de empresarios más atentos a sus negocios que al interés colectivo que representa el club. La otra actuación, mantener con gallardía sus ideas frente a los medios deseosos de embellecerlas de acuerdo a no se sabe qué catálogo de buen gusto. Dijo Fernando Vázquez y debe ser repetido en voz alta, «que el pin parental de Vox era una puta mierda», una verdad lapidaria que solo podemos ratificar. Lo hemos dicho con más palabras pero no con más fuerza.

Y lo dice quien acaba de demostrar, con seis victorias consecutivas, que con tesón e inteligencia se consiguen resultados, donde otros se resignaban a sumar derrotas. Pertenece Fernando Vázquez a la mejor tradición coruñesa. Por su trayectoria combativa y su  estilo independiente, orientado al éxito, motivador y luchador. Está facultado para hablar como Cambronne en Waterloo, respondiendo con un exabrupto a las preguntas ociosas.

No está solo. De nuevo en la mejor tradición coruñesa, algunos de los más relevantes empresarios han diseñado una operación económica necesaria, confiando en los resultados. Arriesgando su capital en favor de una idea, de un proyecto colectivo. Les honra tal decisión en medio de tanta incuria. A Coruña solo ha ido bien históricamente cuando la fuerza motriz ha sido endógena, sin esperar nada de terceros, librando sus propias batallas con visión global.

Hay motivos para la esperanza en A Coruña. Luego de muchos años en los que las instituciones estaban dirigidas por pusilánimes, algo comienza a pasar

Hay motivos para la esperanza en A Coruña. Luego de muchos años, infinitos han parecido, en los que las instituciones estaban dirigidas por pusilánimes, con la ciudad abandonada y perdiendo todas las oportunidades, algo comienza a pasar. Fernando Vázquez es el abanderado pero lo mismo está haciendo la alcaldesa coruñesa, Inés Rey, que de un plumazo ha eliminado el botellón, oprobio de los jóvenes, insania de los vecinos y ejemplo de derrotismo. Y lo ha hecho sin gastar un euro, solo dando las órdenes precisas, en el lenguaje adecuado. Queda mucho por hacer en la ciudad, pero al menos hay una persona que parece dispuesta a triunfar donde los demás han mirado a otro lado para disimular su incapacidad.

Otras instituciones todavía no han despertado. Desde los empresarios, sumidos en batallas personales mediocres, ya sea en la Confederación o en el Club Financiero, hasta la Universidad, reducida a sus labores internas pasando por el mundillo cultural otrora tan activo. Durante los años anteriores, se ha dejado deteriorar todo, el Deportivo y la orquesta sinfónica, las calles y las zonas verdes, la limpieza y los servicios públicos. La ciudad se ha cerrado sobre sí misma, huérfana de ideas y de proyectos, renegando de sus mejores épocas.

Los ejemplos citados son lo mejor que ha ocurrido en muchos años. Indican que la vida resurge tras el letargo. Merecen ser seguidos, imitados, superados. Si le va bien a A Coruña, no solo a Inditex, le va bien a Galicia. El entrenador del Deportivo y la alcaldesa han abierto una senda por la que muchos más deben transitar. No es fácil porque nunca lo ha sido salir del fondo del pozo. Pero es posible y necesario. Hablando alto y claro.

Vázquez, adalid de la victoria y espejo de virtudes cívicas
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