Opinión

La revuelta del nacionalismo

Junts, el partido que dirige el prófugo Puigdemont, obtuvo el 1,6% de los votos el pasado 23 de julio. En el interior de Cataluña fue la quinta fuerza política. Sin embargo, tiene la llave de la mayoría parlamentaria que está promoviendo el Partido Socialista. Sus exigencias parecen inasumibles en su totalidad, amnistía, referéndum, negociaciones con mediador, 80.000 millones de euros en inversión. Sin embargo, el Gobierno considera que hay condiciones para el acuerdo. La aparente contradicción podría solventarse con un ejercicio de eufemismos, tan habituales en la vida política. Así, la amnistía podría sustituirse por una nueva modificación del Código Penal, por ejemplo.

Diluyendo las connotaciones de algunas palabras, se podría comenzar a configurar una nueva realidad más acorde con los deseos de un partido tan minoritario. Es cierto que ante la debilidad de la nueva mayoría, los partidos nacionalistas PNV, ERC y Bildu están desenterrando sus programas de máximos tratando de no quedar atrás como nacionalistas tibios y listos para obtener también algunas contrapartidas.
Por el camino se llega a situaciones que podríamos calificar de pintorescas. Así el aranés-occitano, idioma que tiene cinco mil hablantes, será lengua oficial en el Congreso de los Diputados. Los defensores del bable, del aragonés y de otras formas de expresión ya han exigido igualdad de trato. Más pintoresca aún la demanda del valenciano como lengua diferenciada. El objetivo final de esas decisiones parece ser solamente simbólico. Se dice que así todos los ciudadanos apreciarán la riqueza de la diversidad lingüística. Más bien parece que apreciarán la capacidad de los minoritarios para imponer su particular visión.

Se trata, dicen portavoces autorizados, de reconocer la plurinacionalidad de España. Una simpleza que solo provoca dudas: ¿cuántas son las naciones de España?; incluso, ¿España es una nación independiente de las otras o superpuesta a ellas? ¿Son las naciones sujetos de derecho o lo son los ciudadanos? Como se ve, a poco que se aplique la lógica, los problemas se multiplican sin que se vislumbre el final de un proceso que en realidad nadie sabe cómo terminará. De escuchar a los citados grupos nacionalistas, como Yugoslavia, alumbrando una constelación de nuevos Estados. Escuchando a otros grupos, parece que todo lo anterior no presenta mayor problema.

Se dice enfáticamente que Cataluña tiene un problema con el Estado español cuando hasta ahora solo lo tiene el nacionalismo catalán, una parte de esa sociedad ahora mismo minoritaria. Por otra parte, la reciprocidad no se predica como saben los estudiantes que en Cataluña pretendan aprender en su idioma si son castellanohablantes.
El PNV, de tradición más clerical, lo ha expresado a través de un artículo de prensa del presidente vasco. Se trata, nos informa, de hacer una reinterpretación de la Constitución sin modificarla. La cuadratura del círculo como solo es posible en el pensamiento escolástico. Mediante una convención cuyos miembros no se especifican, se produciría un acuerdo para vaciar el texto constitucional de todo lo que molesta a los nacionalistas, que es bastante, alumbrando una situación de facto muy diferente al Estado actual.

Sin duda estamos escuchando muchas ensoñaciones que no tendrían importancia si no formasen parte de las discusiones y acuerdos para formar Gobierno, objetivo al parecer irrenunciable para todos los que participan. Quizás porque descuentan que la repetición electoral podría perjudicarles o, en el mejor de los casos, ofrecer un resultado similar al actual.
Los padres fundadores del socialismo moderno, Felipe González y Alfonso Guerra, han hecho oír su discrepancia de fondo. Algunas otras voces se les han sumado. Pero en sus propias filas solo han cosechado el silencio mientras en los vomitorios de las redes sociales se les llamaba de todo.

En el extremo opuesto, la vicepresidenta de Sumar en el Gobierno se ha arrojado a los brazos de Puigdemont en una imagen desasosegante. Si antes de comenzar las negociaciones reales ya se ofrecen esas imágenes que cuestionan el carácter de la Justicia, las imágenes finales pueden ser todavía más preocupantes.

Nada será de inmediato. Mientras el PP se pierde en vaguedades, el Gobierno dispone hasta final de noviembre para cerrar un acuerdo de investidura. Como dice el replicante en ‘Blade Runner’, veremos cosas que no creeríamos.

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